domingo, 18 de noviembre de 2007

ILUMINADA


Me hablaste ya antes del instante presente: aquel en el que oyes todo, ves todo y todo comprendes; el silencio te ensordece, un manto enorme se abre y coqueteas muy de cerca en la nada.
Cuando te vi-te veo, ese momento justo y sagrado se extiende. No es mentira que el amor trunque la manija del tiempo, un reconocimiento frenético de ser más que uno solo, donde se puede decidir a morir dignamente de excesiva belleza.
Estoy pendiente y prendada de los corredizos indecisos en los que te resguardas.
Estoy consagrada a ese instante y deploro por ello la inestabilidad de tu pensamiento, la constancia tenaz de tu ausencia.
Dicen que ahora los días duran más poco, no te sorprendas por tanto que me estacione mientras las demás cosas por devoción avanzan, quedamos pocos, condenados al margen del tiempo.