miércoles, 12 de diciembre de 2007

Sin título

Todos recordaremos el primer encuentro vertiginoso en el espejo, la existencia se dilata y nos reconocemos únicos y solos. Una lucha se debate entre los ojos del que mira y del otro que responde sacudiendo el infinito y con ello la certidumbre que antes era sólo náusea.
Soledades disfrazadas, silenciadas: música impersonal, pláticas desapasionadas, miradas de soslayo.
Un llamado la trunca y surge entonces el estigma del elegido, pero la costumbre y la devoción al número más triste, al non primero, nos quebranta y las grietas se abren y nos trae entonces una nostalgia conocida evocando al día que no quiso formar parte nunca de los días.

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