lunes, 17 de diciembre de 2007

Y yo, Tzinacán, regiría las tierras que dejó Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.
Jorge Luis Borges, La escritura del dios.
El conocimiento cimbra como un alarido; despertamos entonces de diversos sueños, el sueño de la infancia, de la madurez, de la vida. Dormidos hasta que la ultraconciencia levante las tumbas.
Desperté de tu amor como Tzinacán despertó de la vida.

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