domingo, 6 de enero de 2008

La caída

“Estoy triste, pero siempre estoy triste” –un poema que seguramente recitaba de niña, pero he aprendido a olvidarlo-.
Fui leyendo el libro con cautela para no sentir como Kafka la alerta constante de un estallido final.
Las pocas veces que me detuve para ver detrás de las palabras, cimbraron calladas, persistentes verdades.
Se cuenta la historia de el hombre que tenía un amigo en la cárcel, el hombre dormía en el suelo como signo de complicidad con el preso, Jean-Baptise se pregunta y yo me pregunto con él: "¿Quién, querido amigo, quién se acostará en el suelo por nosotros? "
Él, juez penitenciario en un bar plagado de proxenetas, perdidos y putas en los subterfugios de Amsterdam, México-city es el nombre, él no sabe el motivo y yo con natural instinto prefiero también ignorarlo.
Un hombre que con gran prestigio en París, renuncia para entregarse a una buhardilla únicamente con un cuadro robado, sentenciando para que el remordimiento se mitigue pronto, en monólogo incesante pareciendo más bien estar declarando; espejo repugnante para quien con paciencia lo escucha.
La caída, la caída de la mujer en el Sena, condenándolo a la ausencia sempiterna de la redención y ser nada más que uno y solo y ya nada.

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