lunes, 18 de febrero de 2008

Invitación sutil

De la luna pero no a la luna
Te ofrezco luz de luna, a veces la encontrarás diáfana, escondida y otras en su plena forma, pero a ti te será benigna si le das buen uso.
Precisas de esa luz que afecta -pues a la luna no le gusta sentirse usada o mancillada- a los sensatos, comunistas e intelectuales. Es la luz de los noctámbulos, insomnes, marginados, tristes y poetas; empero es también de mujeres con llanto rezagado, perdidos sin título, dolores de parto.
Necesitas venir y embriagarte de la luna, Caballero, de nosotros los lunáticos.

Al tango insonoro de María de Buenos Aires

Fue toda una osadía renunciar a él, caballero; era de agua, de matemática en poema, tabula raza, sensibilidad sin mácula, secreto de nota aguda; pero, esto, por supuesto se lo escribo a usted, que está más dentro y me pongo dolida y triste: Girondo, Radiohead, túneles y esos tangos que no son nuestros.

El título me parece obvio

Sé que tu nombre es sonoro
Y ventanal abierto,
Y cada día el corazón hinchado de esperanza,
dejando sitio en la memoria,
acuña tu nombre.

Nada como tu nombre.
Lo repito y repito:
Nada como tu nombre
sólo tu nombre; tal vez tu nombre
Sea el que con descaro pronuncie
con la pluma desesperadamente degollada
y cualquier zona en blanco:
víctimas de los dolorosos vestigios
que arrastra tu nombre.

Ni luna llena, ni montes,
sol templado, lámparas, faros.

No

Tu nombre es el que entibia mi alma
y preside.

domingo, 17 de febrero de 2008

Poesía: la lucha contra el sujeto fragmentado / 25-09-05

“Porque un día, al despegar los párpados, me eché a llorar, sintiendo que vivía; (…)”, así clama Ifigenia, y nosotros, con la misma voz, llenamos la tierra de lamentaciones, he ahí que nació ése, nuestro llanto insondable, lágrimas que nos prestó la mar para humectar los páramos enjutos.

Estamos hechos de guerra, odio, de ternura y hambre crónica. Desde el primero de nuestros instantes, cuando el universo nos expulsa nos condenaron a absorberlo todo y mirarlo todo también; la realidad no es sino la composición del yo, que se contagia y enferma de otras almas. Dice Borges: “(…) Soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy” y esto no es remitirse estrictamente al nihilismo, sino al empeño de gritar el yo, que pretende verse unificado y que cuando se descubre en fragmentos, con la misma tenacidad con la que se cohesiona se niega.

El tiempo nos reclama, arrastra todas las piezas que se vuelven anacrónicas, hasta no ver la aparición de “el otro”. Es por ello que no sólo regamos el suelo a pedazos, sino que llega el momento en el que se derrumba un todo y a fuerza deben de brotar y convertirse los rescoldos que se dejan. “He conservado intacto tu paisaje/pero no sé hasta dónde esté intacto sin ti”, cuando nos vestimos de otros aires, en un lado nos dirigió Bóreas y ahora está en acecho Noto, cambiamos de escenas y de personajes en cada uno de los acto en los que se debe improvisar.

La poesía –que no reduzco a la palabra- llega como un bálsamo, para la escisión del hombre,
Saramago habla del “pensamiento autóctono”, el incorruptible, que se predispone al mundo, es quizás el que está ligado a todas las flores que la poesía recoge. Es la batalla que se declara al tiempo y a las formas que nos delimitan y nos abren, no es un ir más allá de ello, sino un más acá, adentro; en palpitaciones mudas que sólo el espíritu acoge, donde los siglos han perdido su facultad de carga y se reducen a un melancólico consuelo.

No hay corazón que vibre en un mismo compás, pero sí que se une a la sinfonía que desde siempre nos depararon los astros. Es el canto donde las letras sobran y donde toda posible notificación falta.

Ahí parte, también, el horror de sabernos solos. Acogiendo ya, esa dolorosa mezcla, reconociendo en esta manifestación -cuando el sentimiento poético irrumpe- es incapaz de transmitirse y el alma se queda maniatada; la metamorfosis surge como un suceso inenarrable, únicamente permanece ahí, resplandeciente en las entrañas.

Queda entonces, concluida y no, la obra poética; las hojas del otoño no tienen nunca los mismos colores para el que las recibe, sin embargo, éste sabe, en una íntima complicidad, que el árbol se ha quedado desnudo exclusivamente para los ojos que corresponden a esa tarde.

sábado, 9 de febrero de 2008

"Las naves por el mar, tú por tu sueño"

El poeta es un fingidor,
finge tan tremendamente
que hasta finges que es dolor
el dolor que en verdad siente.
F. Pessoa
Que qué pienso sobre la relatividad, me preguntan, yo les digo que nada sé porque se cuela por mi pecho un agujero negro.

Me dices que Cortázar escribió su primer soneto a las 8 años y yo te respondo con prisa diciendo que también era la edad en que me recuerdo escribiendo, tú me sales con tu impecable retórica, con tu amplio conocimiento de esa lengua, bendita, nuestra, y me preguntas: pero sonetos ¿sonetos?

No, claro que no.


Te lo digo a ti, a ti que me dices que un escritor es el que escribe, olvidé decirte que no, yo sólo incluyo a los que les importa poco lo que bien saben y, si lo cuentan con una voz límpida, mejor.


Yo no seré tal vez una escritora, caballero, descubrieron mi perfume, me llevaron por las líneas, (cuando siempre he preferido lo curvo o amorfo), disfracé mi edad y a mis manos las amordacé; pero aquí estoy como con el guerrero la espada, la pluma en mi mano. Maniatada.

sábado, 2 de febrero de 2008

(sin la intención de plagio): Pido silencio

Es cierto, debimos haberlo hablado; nunca estipulamos tiempo, es decir horario digital, de luna, compromisos, citas, noches de onanismo, misantropía, -si así quieres llamarle-, enfermedad, luto o abstinencia.
No reparaste jamás en mis anáforas, ni en mi sofismo incontenible (que te juro una odisea). El silencio es lo que más nos gusta, y no lo saben, y a lo mejor nosotros dos al fin también ignorantes lo sabemos pero, cuánto alarma la palabra, qué deleite con los versos, en un estado ontólogico sabemos y parafraseamos bien y que viva la retórica, el histrionismo y una labia refinada.
Que así sea, mientras tanto emprenderé la ardua tarea de hacer las pases con el tiempo y esperar sin esperar-te; tal es mi deseo.
A ti te ha dado por la ausencia y a mí por el frío y la conciencia paranoica de su invierno.

viernes, 1 de febrero de 2008

Tinta indeleble en hoja en blanco

Querido, mis manos hoy han trabajado más de lo usual. (tú sabes, por cierto, el verdadero significado de la palabra "manos") "se hizo de noche... ¿sabes manejar?"
La escritura, mi estimado miope, zurdo (o/y siniestro) caballero, sigue constante transparente.
En realidad he sido cínica en la letra, pero quizá yo no me escondo como tú lo haces, es decir, esa soberbia que tanto martiriza a tu razón desiluminada que la sabes justificada y por eso eres encantadoramente capaz de parecer un ilustrado, como suelen llamarte los pobres y perdidos: tu gremio de sensatos... "ah ignorantes"*, tu nombre es el que da la luz.
*Quim Font, desde el manicomio más triste de la ciudad de México.