domingo, 23 de marzo de 2008

Sindediciones

No sé -y no lo digo con falsa inocencia- si alguna vez leerás esto:
me hace falta pedirte seas testigo de cómo están temblando mis letras.

Este nuevo título, presentación y epígrafe incluido... es tuyo,
será cierto lo que dicen: si no sirve, no vale;
estas palabras enneblecidas se quedarán peor que la hoja muerta y apolillada,
pues al menos ésta fue tocada por la mano sutil del tiempo:
despedidas, encierros y lágrimas.

En cambio aquí te escribo en el aire, bajo la incertidumbre de que ignores
que me expongo a tu amor, cualquiera sabe que el amor es lo que más vulnera,
pero no hablas, no dices nada… no me dejes en las manos muertas mis plegarias,
he olvidado todos los poemas que te debo, se agitan y por dentro berrean...
se me quiebra la voz y ahora la inmensidad del mar me destela.

Ando de plañidera acompañada por las lamentaciones de Eco,
escurriendo como Mirra voy -orgullosa pero trémula, como caída soberana-
de amargura descorazonada.


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