viernes, 28 de marzo de 2008

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Alguna vez escuché sobre una mujer que se encerraba durante todo el día en el closeth encogida en una caja de huevos; envuelta entre cobijas y más cobijas dormía y en ratos lloraba.
M. se levantaba cada noche entre las tres y las cuatro para llorarle a Lágrima viva, tres operaciones por él, surcos, de impresión amarga.
Para Alfonsina fue fácil, el mar en silencio la arrastró; dice la leyenda que Nietzshe murió aferrado al lomo de un caballo, fue imposible cerrar los ojos que pertenecieron a Miguel Hernández y Silvya Plath después de varios intentos de suicidio, da conclusión a su vida con un matiz ordinario y burgués; ella fue un poema limpísimo con un final poco ensayado.
Que de mi nada digan, que jamás se enteren de mis vulgares maneras para desraizar el amor, la belleza tanto tiempo sufrida, los desencuentros inacabables... mi espera impaciente, agotada, marchita.

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