domingo, 27 de julio de 2008

C'è un canto dentro di me


Hay un canto en mí que mi boca jamás pronunciará - que no escribirá mi mano en ningún trozo de papel.

Hay un canto en mí que debo escuchar yo solo, que debo padecer y soportar solamente yo.
Hay un canto preso en mis venas como los celestiales adagios del argentado órgano - hay un canto que como la raíz del gladiolo no florecerá bajo el alud.
Hay un canto en mí que estará siempre en mí.
Si este canto saliera de mi corazón, quebraría mi corazón.
Si este canto escribiera mi mano, ninguna otra palabra escribiría mi mano.
Este canto no se dirá sino en la última hora de mi vida; este canto será el inicio de una feliz agonía.
Hay un canto en mí que no puede salir de mí porque no se han creado aún las palabras necesarias.
Un canto sin medida y sin tiempo; sin ritmo y sin leyes.
Un canto sin ningún sosiego y que astillaría cualquier lenguaje.
Un canto inatendible sin que el alma se intimide por la sorpresa y se coloree de otro sol.
Un canto más respirado que dicho, más presentido que expresado: son de luces, rayo de acordes.
Un canto sin ansias de música porque sería más melodioso que cualquier otro instrumento conocido.
En mi corazón inmenso, que por días abarca el universo, a este canto, le cuesta quedarse adentro.
En los minutos más angustiantes de la vida, este canto querría derramarse de mi corazón demasiado estrecho como el llanto de los ojos de quien se llora a sí mismo.
Pero lo rechazo y lo engullo, pues junto a él también la sangre de mi corazón se derramaría con la misma furia voluptuosa.
Lo encierro en mí mismo porque no quiero morir aún.
Soy una víctima dulce de este canto divino y homicida.
Debo cerrar el corazón como la puerta de una cárcel y sofocar sus latidos sobrehumanos como si fueran remordimientos.
Y ser, con toda mi ternura, el hombre feroz al que no se acercan los débiles.
Porque mi canto sería un aterrador canto de amor, y ese amor abrasaría todo lo que toca.
El amor que solo cobija es apenas tibio, pero el verdadero amor en el mismo soplo besa y destruye.
Este amor resplandecería tanto de candente avidez que ese día la tierra iluminaría al sol y la medianoche sería más ardiente que el mediodía más ardiente.
Pero yo no cantaré jamás este canto terrible que me consume sin que nadie tenga compasión de mi tormento.
Yo no cantaré jamás este canto maravilloso del que mi temor reniega y que espanta mi debilidad.
No cantaré este canto porque nadie podría sustentar la infinita, la desgarrante, la dolorosa dulzura.

Giovanni Papini

lunes, 14 de julio de 2008

Nocturno de Oliverio Girondo

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces
trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los
alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y
nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la
intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y
en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran
dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el
espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran
tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes
telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera
rozarse a las paeredes, como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en
las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de
acariciar algo que duerme.

domingo, 13 de julio de 2008

Que espere, que preciso de prudencia, fortaleza y templanza. Que duerma, que por las noches se invierten los valores y que gimotean quedamente los fantasmas. Que estoy estable -según el último diagnóstico- pero esta, mi estabilidad, estaba anclada en el paraje del viento. El despertar puede esperar y yo alejada del silencio de La Esfinge, espero. Y cómo de esta condición renegar, yo sabía, mucho antes que el amor es la puerta al infierno.

jueves, 10 de julio de 2008

Añoranzas de Aurora Pontier (2004)

No es que muera de pena, no miréis con cara de incomprendido, nunca me habéis dado vergüenza ni he carecido del denuedo para mostraros, es sólo que… cuando se cierran los telones os he hecho más mío y menos de nadie, os he llevado a cuestas sin darme aires de desventurada. Me escogieron para ser mujer ¿qué queréis? Que no se me condene por esto, es cierto que falto riesgo pero mi pasión no os atreváis a ponerla en duda. Mejor me sostendré en tu regazo, remembremos los días de júbilo donde la sensatez y el decoro eran ajenos a nuestro amor desbocado, recordadme del día de nuestra huída en que llenamos al cielo de bendiciones y besos fervientemente agradecidos cuando vuestro padre hubo consentido en no mandaros lejos, acto no tan benevolente pues había determinado dirigir vuestra vida evidentemente, lejos de mí.
Llegaste agitado y trémulo, me propusiste marcharnos y yo con imprudencia respondí que sí. Hechizamos el duelo y le ordenamos que volase alto. Corrompimos la desazón convirtiéndola a delicias. Nos faltó ensalzarnos ante el tribunal de familia al no sucumbir la tentación que provocaban nuestros cuerpos flamantes y ofrecidos.
Mis días de mujer enjuta están pesando, ha mucho los relámpagos ya no rugen con el mismo furor, mi alma exigua acecha desde su esterilidad la vida inquieta y chocante que no repara en ella.
No fue sencillo emperlarme y retener el agua salada de mis cuencas que inminentemente se consumían y ahogaban mi voz.
¿Qué hicieron de mí? Mientras me embalsamaban no se me advirtió que moriría al instante y que mi perdurabilidad se representaría en el polvo. Repartiéndome, fui menoscabando rápidamente mi potestad.
Que absorba la luminosidad que pude haber dejado encendida, que se me condecore por mi flexibilidad y mi no intervención respecto a la corriente. Mi religiosidad fanática como seña de mi capacidad afanosa.
Dispensadme vos por haberos usado como confidente sin recepción, hueco dolor inventado, falso sentimiento agitado. Sóis más frío que las piedras y no hayáis resquicio para traspasarme.
Me dejé engarzar con el consuelo de un final en camino. Venid alas blancas y apresurad minutos que descienden como hojas marchitas, indecisas de la prometedora parada. Venid no sin antes permitidme llorar las lágrimas que nadie derrochará por mi partida.

sábado, 5 de julio de 2008

Romper aires

Mujer de solililoquios-aires, mía, de nadie. Sé bien que la tristeza se hizo un sitio en tu pecho, pero no queda de otra más que acogerla de lo contrario se pondrá más triste y después no habrá canción de cuna de ahogue sus gritos callados. También sé que a veces la soledad se pone necia y una sale a la calle con su sonrisa boba esperando por cualquier seña hasta que la mueca se fastidia y no queda nada salvo esta condición de desoladas. Sin embargo, en las noches que sé que colgada estás de tu ventana que no da -ahora- sino a una pared de melancolía grisácea, recuerde siempre Señora de la J que flota, que a una distancia no tan larga anda otra disidente que la entiende bien.

martes, 1 de julio de 2008

El hombre de los ojos bellos - Charles Bukowski

Cuando éramos chicos
había una extraña casa
en el barrio
todas las cortinas estaban
siempre bajas
y nunca oíamos voces
adentro
y el patio estaba lleno de
cañas
y nos gustaba jugar en
las cañas
a que éramos Tarzán
(aunque sin ninguna Jane).
Y había un estanque
de peces
grande
lleno de
los peces
más gordos que hubiéramos visto
y eran mansos
venían a la superficie del
agua
y agarraban pedacitos
de pan
de nuestras manos.
Nuestros padres nos habían
dicho:"no se acerquen a esa
casa".
Así que, por supuesto,
lo hacíamos.
Nos preguntábamos si alguien
vivía ahí.
Las semanas pasaban y nunca
veíamos a nadie.
Pero un día
escuchamos
una voz
desde la casa

"¡PUTA DE MIERDA!"
era la voz
de un hombre.
Entonces la puertade la cocina
se abrió de golpe
y un hombre salió.
Tenia una
botella de whisky
en la mano derecha
y más o menos 30 años
Un cigarrillo
colgabade su boca
y necesitaba
afeitarse.
Su pelo estaba
salvajemente revuelto
y andaba
descalzo
en camiseta
y pantalones
pero sus ojos
eran
brillantes.
Encandilaban
con su brillo
y nos dijo,

"hey, caballeritos,
espero que estén
pasando un buen rato".
Entonces se rió
y volvió
a la casa.
Nosotros nos fuimos
de vuelta al patio de mis padres
y pensamos
sobre eso.
Nuestros padres,
decidimos,
nos querían alejar
de ahí
porque no querían
que viéramos a un hombre
como ese,
un hombre
fuerte y natural
con
bellos
ojos.
Nuestros padres
estaban avergonzados
porque ellos
no eran
como ese
hombre,
por eso nos querían
alejar de ahí.
Pero
volvimos
a aquella casa
y a las cañas
y a los mansos
peces.
Volvimos muchas tardes
durante muchas
semanas
pero nunca
vimos
ni oímos
al hombre
de nuevo.
Las cortinas estaban
bajas
como siempre
y todo estaba
quieto.
Entonces un día
mientras volvíamos de la
escuela
vimos
la casa.
Se había incendiado,
no quedaba nada,
solo unos cimientos negros
chamuscados y retorcidos
y fuimos al estanque
y no había agua
y los peces gordos y
naranjas
estaban muertos ahí,
secándose.
Volvimos al patio de mis padres
y hablamos sobre
eso.
Y decidimos que
nuestros padres habían
quemado la casa,
y habían matado
a los peces
porque todo
era tan bello,
incluso el bosque
de cañas habían
quemado.
habían tenido miedo
del hombrede los bellos
ojos.
Y nosotros tuvimos miedo
entonces
de que a lo largo de nuestras
vidas
cosas como esa
sucedieran,
que nadie quisiera
que otro sea
fuerte y
bello,
que nunca lo permitirían,
y que mucha gente
tendría
que morir.


El amor es capaz de alcanzar límites insospechados ¿qué diría Freud?