domingo, 13 de julio de 2008

Que espere, que preciso de prudencia, fortaleza y templanza. Que duerma, que por las noches se invierten los valores y que gimotean quedamente los fantasmas. Que estoy estable -según el último diagnóstico- pero esta, mi estabilidad, estaba anclada en el paraje del viento. El despertar puede esperar y yo alejada del silencio de La Esfinge, espero. Y cómo de esta condición renegar, yo sabía, mucho antes que el amor es la puerta al infierno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y...vale la pena la espera,esa espera puede ser vana. Habrá una ceguez tan inmensa o no se quiere ver lo que es visible.
Todo esto lo pregunto y me pregunto, sin que por ello quiera tu contestación directa