martes, 1 de julio de 2008

El hombre de los ojos bellos - Charles Bukowski

Cuando éramos chicos
había una extraña casa
en el barrio
todas las cortinas estaban
siempre bajas
y nunca oíamos voces
adentro
y el patio estaba lleno de
cañas
y nos gustaba jugar en
las cañas
a que éramos Tarzán
(aunque sin ninguna Jane).
Y había un estanque
de peces
grande
lleno de
los peces
más gordos que hubiéramos visto
y eran mansos
venían a la superficie del
agua
y agarraban pedacitos
de pan
de nuestras manos.
Nuestros padres nos habían
dicho:"no se acerquen a esa
casa".
Así que, por supuesto,
lo hacíamos.
Nos preguntábamos si alguien
vivía ahí.
Las semanas pasaban y nunca
veíamos a nadie.
Pero un día
escuchamos
una voz
desde la casa

"¡PUTA DE MIERDA!"
era la voz
de un hombre.
Entonces la puertade la cocina
se abrió de golpe
y un hombre salió.
Tenia una
botella de whisky
en la mano derecha
y más o menos 30 años
Un cigarrillo
colgabade su boca
y necesitaba
afeitarse.
Su pelo estaba
salvajemente revuelto
y andaba
descalzo
en camiseta
y pantalones
pero sus ojos
eran
brillantes.
Encandilaban
con su brillo
y nos dijo,

"hey, caballeritos,
espero que estén
pasando un buen rato".
Entonces se rió
y volvió
a la casa.
Nosotros nos fuimos
de vuelta al patio de mis padres
y pensamos
sobre eso.
Nuestros padres,
decidimos,
nos querían alejar
de ahí
porque no querían
que viéramos a un hombre
como ese,
un hombre
fuerte y natural
con
bellos
ojos.
Nuestros padres
estaban avergonzados
porque ellos
no eran
como ese
hombre,
por eso nos querían
alejar de ahí.
Pero
volvimos
a aquella casa
y a las cañas
y a los mansos
peces.
Volvimos muchas tardes
durante muchas
semanas
pero nunca
vimos
ni oímos
al hombre
de nuevo.
Las cortinas estaban
bajas
como siempre
y todo estaba
quieto.
Entonces un día
mientras volvíamos de la
escuela
vimos
la casa.
Se había incendiado,
no quedaba nada,
solo unos cimientos negros
chamuscados y retorcidos
y fuimos al estanque
y no había agua
y los peces gordos y
naranjas
estaban muertos ahí,
secándose.
Volvimos al patio de mis padres
y hablamos sobre
eso.
Y decidimos que
nuestros padres habían
quemado la casa,
y habían matado
a los peces
porque todo
era tan bello,
incluso el bosque
de cañas habían
quemado.
habían tenido miedo
del hombrede los bellos
ojos.
Y nosotros tuvimos miedo
entonces
de que a lo largo de nuestras
vidas
cosas como esa
sucedieran,
que nadie quisiera
que otro sea
fuerte y
bello,
que nunca lo permitirían,
y que mucha gente
tendría
que morir.


El amor es capaz de alcanzar límites insospechados ¿qué diría Freud?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces la belleza ajena duele.

Gloria Soto Angeles dijo...

La ajena, la propia y la conciencia de ambas aun más.

Anónimo dijo...

!Atrevimiento¡Esa es la clave.

Gloria Soto Angeles dijo...

Pero qué Veloz!