sábado, 6 de septiembre de 2008

Sin título

Madrid se ha fugado del mapa.
Nuestra Señora de los Buenos Aires
perdió el prestigio de buen lazarillo
y los días por aquí pasan tan lento
que no pasan.

Tengo una brújula guardada en el pecho
y aunque descompuesta,
nunca descansa:
"De todos los fuegos, el fuego"
y con los mares,
lo mismo.

Cedo a la voluntad para que los rincones me expulsen,
para que a esterilidad traiga consigo
una plaza en común.
Mis manos hartas ya de improvisar,
encontrarán en otras un refugio pasajero.

"Quien ha sido despertado, ya no puede morir":
el letargo ha tumbado esa esperanza
a los que están consagrados para la Grandeza
y sin embargo hay quien dice que la inmortalidad no existe,
así que el olvido como la memoria,
habrá de pasarse como un eco sin rastro.
2006

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