domingo, 30 de marzo de 2008

Plagio a los poemas que rondan inquietos a la bruja que antes, muy antes... ya era.




"¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo?
Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba."
J. Sabines




Insomnio III

De repente se me ocurre pensar que podría ser también una artista del hambre: en mi distracción, el sacrificio del ayuno se olvida.
Llega la noche, mi corazón con el suyo palpitan y por su frío me deshago en soledad.
La noche, la apertura al silencio, el principio del ruido dentro.
En su negro regazo se levantan inimaginables los siglos, de nostalgias pletórica está.
A veces presiento que he dicho de más y otras que nada se ha dicho, que me faltan los ojos, que no trendré yo el alma chueca (por Dios ¡no!), pero sí terriblemente disfuncional.

Alguna vez me despertó el dolor porque estrellaba mi cabeza contra la pared... cuando duermo pierdo la poca cordura de la que tanto alarde hago, temo no poder dar razón de los resabios que deja mi llanto, de los ininterrumpidos monólogos que se desbordan en desbandada como las alas australes del viento. La noche es la que por su prudente y femenil presencia, me arrebata del sueño.