lunes, 5 de mayo de 2008

"Literatura"

El novelista, en mangas de camisa, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró, y se dispuso a relatar un abordaje de piratas. No conocía el mar y sin embargo iba a pintar los mares del sur, turbulentos y misteriosos; no había tratado en su vida más que a empleados sin prestigio romántico y a vecinos pacíficos y oscuros, pero tenía que decir ahora cómo son los piratas; oía gorjear a los jilgueros de su mujer, y poblaba en esos instantes de albatros y grandes aves marinas los cielos sombríos y empavorecedores.
La lucha que sostenía con editores rapaces y con un público indiferente se le antojó el abordaje; la miseria que amenazaba su hogar, el mar bravío. Y al describir las olas en que se mecían cadáveres y mástiles rotos, el mísero escritor pensó en su vida sin triunfo, gobernada por fuerzas sordas y fatales, y a pesar de todo fascinante, mágica, sobrenatural.
J. Torri
El concepto más aproximado
que he tenido al respecto.
Lo inefable se dice sin decir
diciendo.
Habría que reconocer
(¡sacrílegos de "La flor
de mis secretos"!), que la
literatura, es decir,
mi más amada amante
igualemente nombrada,
clasificada y profanada
como El Amor, La Verdad y La Muerte,
se dice diciéndose a sí misma.