sábado, 10 de mayo de 2008

por qué agua

Érase una vez, hace muchísimo tiempo, en un inimaginable lugar (recordemos la relatividad en el tiempo y que lo imaginado o no es indecible) en el agua se me reveló, quizá en una forma sencilla y en una situación vulgar: hubo un tinaco, en un improvisado sótano alguna vez, mientras descubría tardiamente el placer de las sensaciones del mundo, metí muy despacio la mano en el pozo y la saqué temblando -Entre mis curiosas fobias está la del agua a oscuras y fría- pero era verano y el agua de aquel día tenía una tibieza natural y regresé con cuidado primero, cerrando los ojos después, meciendo y meciendo ya todo el brazo, entonces recordé que recordaba esa sensación y otra vez el miedo pero el agua me retenía y yo triste de presagios del pasado intentaba sacarla pero a ella mi abandono no le importaba, entonces me dejé arrullar resignada y conmovida. La vi, la vi y la volví a ver: lo que la ciencia sostenía era cierto pero en mis dudosos sentires la sabía de un azul irremediable. Mentira que fuese inolora e insabora, los que sostienen eso con la boca orgullosa no saben, no entienden que nada se parece a nada, que el agua es simplemente El Agua. De un olor que como si apenas, de un sabor colmado de transparencia y neutral.
(a propósito)
Eres de agua
En ti
la claridad
a golpe de sí misma
se oscurece
De agua
Lo supe siempre
Eres de agua
Profunda
Transparente.
Efraín Bartolomé.

(...)


Esta costumbre de mantenerme al margen, siendo una espectadora triste con el corazón crispado, parásito de la palabra, porque me he tomado muy en serio que al proferir la orden Paracelso, la Rosa se levantaría de entre las cenizas. Pero los versos míos nada erigen, de soledades insalvables están hechos.