viernes, 7 de noviembre de 2008

A propósito del monólogo interno

-Es que la tierra me habló y me dijo que me tenía que ir.
-... ¿ah sí? ¿y cómo te lo dijo?
-Pues así: te tienes que ir.
...
-¿Qué opina?
-¿Qué quieres que opine si me dices que la tierra te habla?
-Por lo visto usted y yo jamás vamos a entendernos.
-La que no se entiende eres tú.
-También, pero usted y yo jamás vamos a entendernos.


(Cansada de vivir como si la vida fuese un simulacro, yo no sé nada de las cosas, las pienso y jamás logro verlas. Todas mis miradas parten de mi reducida esfera, desde mí se filtran descarnadas sombras antiguas y un alma que es también la mía la reclama y anhela una raíz primigenia
¿En qué momento vine a perderme aquí?
Escribo desde las entrañas, por eso no debe sorprenderos la falta de belleza.
Llevo triste la cabeza, en un puño va mi corazón... no encuentro camino y no sé a qué orilla arrimarme. Mi parsimonia afecta la algarabía de la carrera. No sé si es virtud o pena: mis manos bestias sólo pretenden escribir. )

(...)