martes, 22 de diciembre de 2009

Dijo un grano de arena




Me pregunto si a un pintor le avergüenzan sus colores:
Demasiado sombríos
como para marchitarse en plena primavera.
Demasiado infantiles
para ser la mujer-loba que detrás del telón anhela.
Demasiado marinos
para un paisaje desierto que me deja sedienta.

Me la he pasado inventando la realidad,
haciendo de la ilusión un artificio.
Estoy cansada de tener sueño,
de la intención muda y pasiva,
de las charlatanerías de mi espejo,
de mi cerebro parlanchín y revuelto,
de mis colores trágicos, de mis colores amargos,
rojizos, lunáticos,
de mis deseos, de mi ocultos deseos.
de los secretos a los que les perdí llave,
de mi canción y su anonimato,
de tener el corazón amordazado,
del desencuentro

¿Y qué hago?

¿Escribirlo todo aunque sea ficción?

A mí me gusta cantar
pero no digo la verdad.
A mí me gusta decir
pero al pájaro azul
lo maltrato y silencio.

Sueño con el poema desnudo,
con la muerte luminosa de mis versos.
Sueño con quitarme la máscara
y no espantarme de los ojos que vienen detrás.


Pintura: Caminos tortuosos - Remedios Varo

viernes, 13 de noviembre de 2009

Los Justos




Un hombre que cultiva su jardín como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

J. L. Borges

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pandora y su último secreto

Llorándole a la noche todavía
como si jugase con el dolor,
demasiado confiada
en la abundancia infinita del mar
y en la bondad de la luna,
quien seca todas las lágrimas.

Como seguir husmeando
en las aristas de su sufrimiento
y toda su hondura,
sondeando en un mar de profusos abismos,
en el engaño siniestro de sus sinfondos.

La melancolía la embruja
como la luz clara de luna,
acostumbrada su lengua
aún procura
el sabor áspero de la sal.

¿Cómo reventarle las palabras
a estos versos?
Porque se ahogan en el derrame
de su propia espiral.

Su alquimia será convertir su canto
en el canto de un pájaro
de melodía impersonal,
haciendo de su espejo
los espejos del mundo
convertidos en un único fuego.

Paciencia,
-dice asustada la niña que guarda en su pecho-
paciencia,
que la noche da la ilusión
de pasarse lento,
pero la tierra en su desesperanza
olvida que el amanecer vendrá...

viernes, 30 de octubre de 2009

Canción de cuna para Anasthasia Pernath

Un buen día le dio por hacerse la llovida
y se desaguó por toda la ciudad.
No porque no la primavera
ni porque se estuviese
(aunque sí) secando,
sino porque había en la tierra
aterrizado esporádicamente
y quiso sembrarse,
porque soñó un brote,
un florecer de la rosa spleenada,
delirando.
Porque postrada en friísimas cenizas
desde la nada
para renacer.
Construida de materia primigenia,
versos perdidos en las noches
de la gran esfera
o hasta en agujeros negros,
polvo de hadas y Fénix
para recordarle, sutiles, su inmortalidad,
en su sangre historias de suicidios e incestos,
en su sangre la historia de la humanidad.
Tuvo que haber muerto
y luego haber nacido
aunque al reinventarse
-por falible y somnolienta-
estuviese cabalgando
en otra identidad.
Pero ya yollar no más
por favor,
sólo la claridad,
por el momento
Sol, frío, viento,
dejad para Anasthasia Pernath el silencio,
la calma,
la claridad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

A LA LUNA NO


Ayer me enteré que bombardearon la Luna

Pido silencio

No por ella
-a ella le da lo mismo
si le guardan o no duelo-

Pido silencio
para nosotros,
los ciegos

Que pedimos agua
porque nuestra conciencia
no se sacia
con la lluvia
ni con la inmensidad del mar

Pedimos espacio
porque arrastrándonos vomitamos
en la tierra
nuesto encono y podredumbre
olvidándonos que aquí,
en nuestra madre,
teníamos también
un lugar para volar.

Nuestro común denominador
es la madre, a pesar
de inventarnos los límites,
la separación
y otras ridículas calamidades

La Luna

La Luna y sus ojos lunares
La Luna el espejo de mi corazón
Amante del sol
Centinela del sueño
Princesa con ojos
de emperatriz desterrada
que vigila su nación
También el mundo es su casa
La noche su balcón
Hechicera del sueño
Heredera de los tres reynos
Ciegos,
a la Luna NO.

martes, 20 de octubre de 2009

Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.

J. J. Arreola

...

Quisiera encontrarle bocas a mi corazón
más allá del nombre
más allá del grito
del sentido
del espejo palpitante
de un empecinado yo

Yo no soy
y entonces las hojas y el aire

Aún guardo equipaje
amores que sepultados
y aferrados
guardaba en los pasajes de mi canción
allende los mares
desde una tierra roja
que acribilla en sueños
mis recuerdos lunares.

El viento trae la brisa
de historias antiguas
donde el amor ensangrentado
sobrevive hoy.

El recuerdo de un nombre
que la puerta abrió.

Los sonidos de un eco
que el tiempo en sortilegio convierte.

Y todo a la vez ilusión.

Y le abro bocas a mi secreto
para que se derrame y se vacíe
mi corazón.

jueves, 15 de octubre de 2009

No le gustan los colores pasteles a la innominada, no le gusta y con ella misma se compara, piensa como Van Gogh si le pintasen de colores suaves su Noche Estrellada, le guarda cierto luto al dolor y cuida y procura encender su herida ya casi sanada. Delirios de una ahogada los que circundan por la innominada, bifucarciones en la nada, rondando por las calles de ecos sin resonancia, la innominada, la innominada ya no soy, me cuesta acostumbrarme al lenguaje sin palabras, querida, ahora habla el corazón y dice sin decir nada.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Mago:

En lugares perdidos
contra toda esperanza
te buscaba.

En ciudades sin nombre
por rincones de ayer
te busqué.

En horas miserables
entre la sombra amarga
te buscaba.

Y cuando el desaliento
me pedía volver
te encontré.

José A. Goytisolo

martes, 29 de septiembre de 2009

Algo de Alejandra Pizarnik para-Soto Angeles Gloria





16 de junio

(...) Pero aún así no hay derecho a tanto irse, a tanto viaje alrededor de mí. Vanidad del deseo físico. Espectro de mi cuerpo. Yo soy una aunque me desdoble. Aunque me destripe. Una. ¿Lo comprendo, acaso?*

para descolmar al tiempo de tiempo

Empecé a escribir a los 7 años, he dejado la escritura en reposo por periodos muy largos... Recuerdo el disfraz de gitana, recuerdo en San Fernando el calor seco, la noche estrellada, las avispas, los calambres que la niña sentía como hormigas, pero la memoria sin la palabra se queda flotando y es que una tiene la impresión de que en ocasiones (la mayoría) la pluma no alcanza.
Recuerdo La Casa de Asterión: "Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía y tal vez de locura...", Carta a una señorita de París: los conejos negros, los grises y los blancos pequeños, en rebeldía porque no soportaban el anonimato ni el encierro. Recuerdo el sufrimiento en la cara del que ha muerto, es que resulta demasiado penoso vomitar conejos, por más que una esté acostumbrada al ridículo, y todavía más cuando están negros, monstruosos, inmensos. Los blancos, aunque tibios, calan duro en la garganta.
Escritura, dame la entereza para tolerar la esgrima que llevas, para no deformarte en tu primera belleza, para no emperlarte sin necesidad.
Escritura, quítame el tiempo y concede la eternidad para abarcar la vida entera, palabras para traducir el corazón del mundo, los síntomas del amor, las terribles y fantásticas facetas de la Señora Locura ¿qué es locura?
Haz que mi mano desate tempestades, haz que la pluma desencadene una guerra sin tregua contra la cobardía, el olvido, el desamor y demás oleajes. Que la hoja sea el contenedor de esta alquimia, conjuros, llamados, berridos.
Palabras, reprodúzcanse al igual que el pan y el vino, que no se me escabullan nunca, que su andar sea firme y ligero como el de los caballeros andantes que saben que sentir en las entrañas la verdad es parecido a la locura, pero todo lo contrario...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Las causas

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

J.L. Borges

Poesía amor-tajada

Si mis cálculos no me fallan, este podría ser un lugar común, si no lo es, no es un desperdicio porque casi todo me lo digo a mi, en realidad todos los coloquios son una dedicatoria constante para la del otro lado del espejo y ni qué decir de las anunciaciones, los dolorosos partos, aunque a veces no permeen ni se transmitan o se queden consumiendo en un cajón apolillado. Si este mensaje ha de llegar que se suelte, no precisa necesariamente una respuesta. Quiero hablar de la poesía con una seriedad que el intelectual adolece, pues estoy alimentándome de ella. No es sencillo evitarla ni hablarla, el primer poema jamás ha sido escrito y antes de encerrarme en la vacuidad de sus palabras era ya víctima suya. No sé si cuento con la entereza para soportarla. Sigo de ella enamorada y más tarde me entero que es "un arma cargada de futuro", que nos rescata de la muerte y del olvido, que nos permite es-tar con el otro, que un grupo de poetas en Chile bombardearon con miles de poemas el Palacio de la Moneda un 11 de Septiembre. Y cómo contarle sílabas si no me da la gana guardarle luto a su métrica y su rima cuando la destrozan y la gastan. Qué hacer cuando el amor está, pero se cuenta con tan poca voluntad que este amor, para los ojos de los estructuralistas, no basta. Deben ser como un filtro cobarde y amortiguador todos los congresos donde la exhiben sin derrumbe e inmaculada, sin las noches -prescindiendo de las que el poeta estuvo a punto de soltar el ritmo-, más allá en las que ese verso no se dejaba escribir, más allá de los desaires del amor, más que la hoja violada, más, donde al fin la encontraron frente a frente. Y a nosotros nos la entregan salva porque en un principio era grotesca y sin niebla y humana…

martes, 8 de septiembre de 2009

En el fin

El silencio será
el poema perfecto
cuando la palabra termine
de entonar su canción

de ilusoria importancia.

Soñar
y ver más allá
de las hermosas
paredes del sueño.

¿Por qué cerrar los ojos
cuando la luz anuncia
el despertar?

Patéticos, cansados
mis enredos
La calma la busco entre la ruina
del desasosiego
de un clamor adolorido y eterno

Curarme de mi oscuridad
alumbrarme en la tristeza,
en la incertidumbre
en el desvelo.

Convertir los gritos
que levantaron antiguos templos
en letras dulces
en mar sereno
huracán en calma.

Profundo es el miedo.

Mi corazón se quema en su propia llama.

Princesa,
ordenad a la corte
arrancarse el corazón
y perdonar a la loba calcinada
.

martes, 1 de septiembre de 2009

LLAMADOS O AULLIDOS



Muchacha-que-sueña:

Espero que estés serena y si no, no desesperes (no tanto) en tu desesperación. Sabes que una parte mía te acompaña siempre, bien sabes, aunque eso no consuele enteramente tu tristeza, porque tenemos o teníamos una tristeza enraizada, que se cura (Elizondo se equivocaba, los genios se equivocan, y mucho) sólo que le gusta la calma y es bella y gatuna, como una muchacha azul que espera en la ventana. Y yo espero y deseo que a tu mar también se le seque la sal y pueda ser dulce para que ayudes a curar la sed que enfurece a los mundos. que el sol toque tu puerta, porque a tus ojos, como a la luz de la luna, les falta entregarse a la luz abrazadora del sol, y tus alas necesitan fijarse con las brisas solares para navegar por la noche sin trampas circulares ni ruinas en el corazón.

Te quiere la enlazadora,
que camina en cielos blancos y rojos con vos.

domingo, 30 de agosto de 2009

ESOS LOCOS FURIOSOS INCREÍBLES


Llegan apresurados y nunca dicen para qué
ni de dónde proceden
y enseguida te piden dos mil francos
que casi siempre te han de devolver
o te quitan la toalla sin respeto
cuando te estás duchando
se ponen la colonia los polvos el masaje
la loción de tu novio o de tu hija
te arrastran a lugares espantosos o bellos
y ni siquiera piden tu opinión
y beben prodigiosamente se ponen a cantar
en cualquier parte
o arman la del gran dios en un bar miserable
y por motivos nimios
siempre siempre avasallan
te compran un sombrero
o unas flores
y un día salen al galope quizá hacia los infiernos
qué desastre.


Señora caballero muchachita asustada
militante de un partido ecologista:
si se tropieza usted con uno de esos
locos furiosos increíbles
no le deje escapar llévelo a casa
son tiernos como niños
a veces tienen frío quién sabe si es porque
les han pegado duro
duermen poco se lavan todo el rato y son muy
besucones y mirones
pero cuidan los libros
sacan todas las noches
el cubo de basura a la escalera
y están sólo pendientes de tener siempre
un cenicero al lado.

Tienen por fin el gran inconveniente:
se van mas vuelven pronto
duran toda la vida.

José Augustín Goytisolo

jueves, 27 de agosto de 2009

A toda costa amanecer

Por muchas lunas que cuente
tal vez un día mi grito se canse de cansarse
y empiece a contarse otras historias,
además de las que siempre recita.

Tal vez,
por estos días
se le caigan los vestidos a mi vanidad
y se ahogue adentro de su vergüenza.

Tal vez se me caigan los depojos con paciencia.

Quizá dividir e igualar mi amor
sea la respuesta
y no amar jamás unos ojos por encima del aire,
ni amar a Baudelaire por encima
de los merolicos por las calles.

Dejar de ser quien creo ser
y caminar el camino
aunque no me siga nadie.

viernes, 21 de agosto de 2009

Algo sobre Anasthasia Pernath

Ayer lluvia
Hoy guarda sus abrazos
Recelosa se muestra

con su herida
recién curada apenas
Se le olvida
y se vuelve a lastimar
Es sólo cuestión de concentrarse
-se repite a diario-
y bueno, disciplina,
madurez, constancia,

ligereza,
pasa un lucero
o la luna entra en su sueño
y eso basta para que durante el día
no quiera salir a jugar.
Teme ver a los ojos
de su hermano miedo
No sabe cómo actuar frente al espejo
y logra a veces
con su mirada
acariciar gatuna su imagen.
No teme saltar
pero no sabe
hacia qué lado saltar.
Hay días
en los que no quisiera hablar
y hay días
en los que habla como si Babel
estuviese condenada a desaparecer
junto con todos nuestros deseos.
Y se apresura
y busca charlas
e historias que contar
historias de magia
pura y verdadera
No más.

Siempre en las calles de Madrid








A Gloria siempre en las calles de Madrid:

Es una historia complicada
y una niña muy compleja,
¿qué hacía ella sola en las calles de Madrid?
Entre gente española,
entre humo y café,
entre sueños y esperanzas aguardando el porvenir...
...sola ella está...

¿Y qué pasa por su mente?
¿qué le dicta el corazón?
¿qué la lleva sin camino por las calles de Madrid?
Una lágrima salada
y una risa esperanzada
es lo que ella ha traído desde su lejano país,
y nada más.

Y las noches estivales
las pasa en aquel bar,
escondida y solitaria entre las calles de Madrid.
Sentada sola en la esquina,
escuchando a alguien cantar,
lleva consigo una pluma, un papel y su sentir,
y nada más.

Come una vez al día,
duerme cuatro horas y ya
pues gasta todo su tiempo en las calles de Madrid.
Conoce las librerías,
poco sabe de la Iglesia;
le interesa solo aquello que pueda leer o escribir,
y nada más.

Yo la he visto soñar,
yo la he visto sonreír,
yo la he visto volar entre las nubes de Madrid.
Yo la he visto en un café,
y la he visto escribir
poemas que sólo canta al hombre que la hace vivir;
él no tiene nombre, y no,
parece no existir,
y aunque dura es la espera ella lo prefiere así.
No se arriesga, mas no ceja, sólo quiere ser feliz;
sabe bien lo que desea y lo espera sin sufrir.

Yo la he visto por aquí,
y la he visto junto a mí;
yo la he visto caminando entre estas calles
de Madrid.

Magdalena Pérez Selvas

17-Oct-2006


martes, 18 de agosto de 2009

TODO




Los muertos no necesitan

aspirinas o

penas,

supongo


pero parece que necesitan

la lluvia.

Tampoco zapatos

pero sí un lugar

sobre el que caminar


tampoco cigarrillos,

nos dicen,

pero sí un lugar

en el que arder

se nos dice:

el espacio y un lugar

donde volar

podrían ser

lo mismo


los muertos no me

necesitan


ni tampoco los

vivos


pero es posible que los muertos se necesiten

los unos

a los otros


en realidad, los muertos podrían necesitar

todas las cosas que nosotros

necesitamos


y nosotros necesitamos tanto,

si supiéramos

de cuánto

se trata


probablemente

todo


y probablemente

moriremos

intentando conseguirlo


o moriremos


porque

no lo logramos


espero

que entiendas

cuando yo haya muerto


que yo logré

todo

lo

que pude.


Charles Bukowski

jueves, 13 de agosto de 2009

Fatalité

Notre Dame, Victor Hugo recostado en una de las bancas con pose de desenfado intuyendo en el aire pétalos dormidos, jactándose de que todo lo habitable está destinado a posar para su pluma y de pronto, en uno de los muros de la catedral, en desesperada letra, la palabra Fatalité sale al encuentro de sus ojos, en ese justo instante suenan las campanas de la torre, los cristales vibran, cae en cuenta de que él con ellos se iguala y sintoniza y al fin, gracias a esa racha de fortuna poderosa, la histora de un campanario cobra vida y valor para una mano que devora historias de la gente sin rostro ni estirpe.

¿Quién espera -con los ojos llameantes- asomarse al cielo desde los visillos de nostalgia? ¿De dónde naces y por dónde declinas? ¿Qué encierros te guardan para no desmoronarte?


Tú, el que se quedó sin nombre, desdoblando los recuerdos para repetir sus caretas, ya frígidas, ya yertas, deplorando con tristeza el nuevo sol, sintiendo en tus entrañas su fuego vanidoso que te ridiculiza y te lanza a los brazos de la noche.

Transeúnte nocturno, tarareando el ritmo de tu llanto porque qué sabes tú de sinfonías, gime más fuerte, pareciese que también se taparon los oídos.


Y es que no sólo tú, campanario nominado por el escriba, fuera de tu encierro están los que no soportan los clamores de su corazón y también se guardan y se esconden sin necesidad de eregir una torre o levantar un muro. Para la rupestre burguesía representan tú y los otros, nosotros, las grandes manchas en la majestuosidad de París o en los espectáculos de las esquinas del mundo. El poeta permanece mustio y cabizbajo cuando a tu lado pasa, imposibilitado para retener el instante apresura el paso mientras sueña con el enervante aroma de sus letras.


¡Qué tragedia! Y pensar que no se es sino un pretexto para las estadísticas. Leyendas con poca o demasiada dosis de sentimentalismo alarmante y terriblemente explotado. Con excesiva sobriedad, con potente polvo invisible, con insuficiente intrepidez para que al desquebrajarnos abrir la ventana y vomitarlo para luego inscribirnos en el mito.


Que el Eterno Retorno permanezca incesante, que los siglos continúen en su inmutable abstracción en una historia mocha que condena a la orilla o al silencio a los que quedaron -sin quererlo- al margen de ella. Encaren impávidos su quasi incorregible fatalidad, esperando su multiplicidad para saciar la sed de los hipócritas prosistas, que siempre, tan convenientemente como Pilatos, se lavan las manos.

Impermanencia

Días incendiando hasta el delirio humano.
En el amanecer apresurado del alma
corrompe el crepúsculo
desprotegidos destellos.
Los nubla, los hechiza, los mata.
Vida-festín aún más fugaz
que el esplendor de la pirotecnia
que a marcha apresurada
aunque se extienda
cae
cual vehemente suicida.
.
Anasthasia Pernath

martes, 11 de agosto de 2009

Sueño

Soñé que una parte de mi casa se incendiaba por una vela que en la noche había dejado prendida, corría desesperada intentando apaciguar el fuego con todas mis botellas de agua, pedía ayuda a mis padres y hermanos pero no acudían, en medio del pánico no pude evitar pensar en "Pedro y el Lobo" y en aceptar que me tocaba apagarlo sola, después de varios intentos lo conseguía.
Regresando a mi cuarto, una mesita que funge de altar estaba volteada con las patas hacia arriba, mi primer pensamiento fue para el Siddharta de cera y comencé con impaciencia y angustia a buscarlo, no lo encontraba.
Intenté calmarme concentrándome en los otros posibles objetos rotos: el hada intacta (extrañamente de pie) ¿y el burrito Prometeo? Ahí estaba, también de pie, Milofo, de pie, el árbol de la vida, de pie, Borges también estaba de pie.
-Bueno y... ¿Siddharta?
...
Rota la cabeza tenía, derramando un líquido espeso y azul, (sentí la misma emoción cuando un día pidiendo frenética por mi salud me encontré en la alberca una araña muerta)
Tal vez el sueño tenga razón... por más que me haga pendeja, por más que me parta idiota e inutilmente la cabeza.

domingo, 9 de agosto de 2009

Escéptica

Y porque ya no podía escribir con las luces apagadas, mientras la noche abría sus vestidos marinos de púrpura espanto, a fuerza de seguir -aun débil- brillando, me bañaba en luz de Luna y confieso que alguna que otra vez me encandiló y que llegó (en mi Ceguera Noche Sin Puertas) a serme insoportable; pensaba con la misma contrición que Maiakovski que tampoco resistiría otro tormento inestelar, entonces perseguía estrellas de guerra, grises, naranjas, pasajeras, desbocando sin mesura, sin decoro mi mar. Ya no quiero cantar historias de soles fundidos, ha nacido en mi corazón el nuevo Sol, jamás extinto (desapercibido y olvidado sí). Ahora con la luz de mis cuentos, mi memoria tejedora, mis palabras de deseos, tu fulgor en mis ventanas hasta los domingos por la tarde alegrará...

viernes, 7 de agosto de 2009

Por recordar algo

Después de todo, vivimos en un mundo mojigato y estrecho donde las falsas puertas a la liberación y al frenesí refieren siempre a la sexualidad o al alcoholismo. Exaltarlas con elogios, diatribas, canciones, se torna tan pedestre y aburrido.
Otros pecados llegan a ser más interesantes: la gula del pobre, la envidia del editor, la soberbia del imbécil.

H. J. Ayala

martes, 4 de agosto de 2009

Manuscrito encontrado en De Profundis








"El dolor es un instante inmenso,
no podemos dividirlo en estaciones,
sólo podemos registrar sus caprichos
y hacer la crónica de su retorno"



O. Wilde

Según el criterio común de las sociedades de todos los tiempos, un hombre de bien es quien ejerce y obedece lo que dictan los preceptos de sus antepasados -más o menos corrompidos que él- no obstante, yo podría sospechar en él cierta falta de conciencia porque en su calidad de actor autómata -siguiendo esos códigos o mandamientos, sin atreverse a mirar hacia los lados o adentro- no se permite improvisar y su libertad entonces se ve cortada.

En cambio, el marginado, el desencaminado, sigue el mandato de un principio interno, por consiguiente elevado, sin sacrificar su propia conciencia que en algún punto habrá de retroceder e inclinarse invariablemente hacia la perfección o la destrucción, aunque muera en sus actos de ridículo y vergüenza, aunque su río se espante de sus propias fauces y tema por su perdón a sí mismo y a lo que se imagina, desde dentro contempla.


domingo, 26 de julio de 2009

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente

los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:

Se dicen los poemas

que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,

con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quienes somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

Gabriel Celaya ("Poesía Urgente")

sábado, 18 de julio de 2009

Memorias de abajo

A la prisionera le dio por tirar sus polvos, de pronto se vio y quedó asustada al saber cuánto le gustaban y porque -sobretodo- creía que si los dejaba, se le cerraría la puerta de la magia.

Cansada de que estuviera dominando el miedo salió sigilosa de la casa y al desierto sus polvos mágicos tiró.

Por la noche llegaron sus amigas, todas también princesas, lunáticas y estrafalarias.

Ella jugando a Scherezada les platicó su decisión y que después de tomada su decisión, eligió luego al otro día ir a recoger lo que había tirado en luna fría, sabía que estaba en el ojo de la adicción y rió, pronto entendió una de sus amigas que iba a haber una visita al desierto y emocionada también rió, arguyendo que sería toda una travesía.

Comenzó la busca.

Se organizaron como nunca en ninguna Facultad de Arquitectura y Filosofía, les emocionaba la expedición. S. cargó el recipiente y G. llevó las velas. Salieron sólo ellas dos, arriba A. y P. conversaban y también se olían.

"Hay que ser realmente idiota para" pensó G. al verle los ojos a S., agradecida -también- de que en el mundo hubiera Cortázar.

Salieron de la casa.

El aire de la noche soplaba tibio.

Con un encendedor apenas al salir de la casa prendieron sus velas y se fueron según las dos muy discretas de noche caminando a hurtadillas con la cara de idiotas y las velas encendidas.

Al desierto llegaron.

(Los polvos nos esperaban escondidos, secretos, esperando una ofrenda.

Mi corazón les cantó disculpándose por haberse peliado -no son muy orgullosos, pero se saben sagrados-, mientras, por otro lado les hablaba a nuestros fuegos el fuego para que no encandilase al viento, dócil y acechante, besar y mirar sin matar a su imposible fuego.)

Y así, en medio del desierto de noche, mezclados ya con la arena los polvos brillaron y nos dijeron secretos. Una buscó con valentía y paciencia. Otra alumbraba. Gracias por el fuego. Sonrieron las dos.

viernes, 17 de julio de 2009

Otros Espejos (Parte II)



La Estrella Caída


Un violento remezón sacudió el cielo: Una estrella se desprendió y fue a caer en las profundidades del océano. A pesar del agua, como su explosión interna era incesante, continuó brillando. Los peces, por primera vez, pudieron verse tal cual eran y eso no les gustó. La comparación con el astro era inevitable: al lado de su inmenso resplandor se sintieron minúsculos. Llenos de envidia, tragaron lodo y lo vomitaron sobre la extranjera para cubrirla de una capa espesa que ocultó su centelleo. La estrella comenzó a despreciarse a sí misma puesto que su razón de existir era alumbrar el camino de los otros. Huyó a esconderse en una cueva. Poco a poco fueron pegándose animales repulsivos que se pegaron a ella tomándola por una roca. Pareció pasar una eternidad hasta que una criatura, cubierta de escamas negras, entro en el refugio. descubrió su centro y lanzó un rayo tan intenso que ahuyentó a los parásitos. <<¿Quién eres, ser increíble, que puedes subsistir en este infierno conservando tu luminosidad?>>, preguntó el pobre lucero. <<¡Soy una estrella como tú! El remezón celeste me lanzó también al mar, donde me di cuenta de que si mostraba mi esplendor, en lugar de ayudar, crearía enemigos. Si deseaba hacer el bien tenía que disfrazarlo... ¡Ven conmigo! ¡No creas que porque te rechazan no vales! ¡Te rechazan porque no te conocen! ¿Si no hay conocimiento cómo puede haber amor?>>


De El Tesoro De La Sombra de Alejandro Jodorowsky

lunes, 13 de julio de 2009

Un borrador para la tabla de valores de la innominada.

No ser mi propia esclava.
No volar sin un pie atado al silencio.
No bañarme en cada luna de la oscuridad en tiempo.
No profanar con mis actos luego de que la tierra me desvele el corazón de sus secretos.
No levantar templos.
No convertir la fe en un cúmulo de palabras sin magia.
No romper con la sacralidad de mi nombre ni silenciándome ni pronunciándome a cada rato.
No usar las enseñanzas de los otros como si fueran tus propios hallazgos.
No temerle a tus hallazgos.
No espantarte de tus ríos.
No hacer del huracán del mar un calvario.
No jugar a la Reina de Saba ni a Gregorio Samsa.
Dejarse amar por el Sol sin estar pensando en la Luna.
Igualdad para el Sol y la Luna.
No gritar sin motivo.
Desdoblarme.
Buscarle siempre los ojos a la innominada.
Encontrar el silencio sobre cualquier ruido u orquesta.
Desenredarse con paciencia.
No desesperar.
Abrir las puertas.

domingo, 5 de julio de 2009


“Magda Lemonnier recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En cajas verdes, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia.
A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.”


Eduardo Galeano

Otra vez la palabra

Y regresar al silencio de las cosas, aunque todo busque su nombre, aprovechar los vientos de inspiración encendida (entre los dientes traigo esta palabra) No temerle a las cosas ni a su nombre, no temerles, duele mucho más pensar en el fracaso, que irte de bruces en la inconciencia de tus años. A lo mejor valdría ponernos a segar alguna que otra voz, porque a veces o muchas las palabras sobran. Se nos escapan mareas y remolinos y Fantasía se nos desboca. Hay que encontrar la palabra justa y no resbalar en el sitio sagrado de los nombres, porque el lenguaje sabe vestirse de belleza inefable y engarzar a las almas que se dejan enredar en cualquier telaraña hipócrita de la palabra, en las buhardillas sin ventanas que pretenden guardar el sitio secreto de las cosas.

Entrada

Dejo que las cosas pasen
y pasan
No, yo no dejo ni no dejo
sólo pretendo
acariciar las cosas
con mi mirada
y el luminoso espejo
de estos ojos oscuros
hacerlo de piedra blanda.

Retratos de la innominada

A uno siempre le da
por definirse,
pulir las hendiduras
que ha marcado el tiempo,
los cajones cerrados
del espejo
donde nos decimos
que no pasó nada,
que si la grieta está abierta
y sangra
pasamos por ella
de largo nuestros ojos
porque no se sabe
que demonios
detrás de la puerta
aguardan
Todo comienza en el miedo
y desde ahí se juntan
las sombras
descarnadas
Todo te has puesto.
Hemos llevado
exceso de equipaje
Cargamos en los almacenes
de la boca
ideas, poemas,
respuestas
para levantar
a nuestra medida
el mundo
Y qué pequeño resulta
un mundo a medida
He visto que el mar
de la vida se incendia
mientras yo cuido
mi vestido de lluvia
entre el derrumbe
de las sutilezas.
Es cierto, es cierto,
han venido,
Alejandra.
Pero para ver
necesito cuidar
de las heridas
de mis ojos
que pierdo
cuando la palabra estalla.

sábado, 4 de julio de 2009

Girasol críptico

Llueve
con la lluvia se ahogan
las palabras
y mis pensamientos distraídos
en nerviosa calma
dejan caer el telón
permitiendo que lo que está detrás
se asome.

El viento es el silencio del espacio
y el silencio es la casa
donde muere el tiempo.

Es cierto que a mis ojos
se le notan descorridos velos
y que la tristeza no me tienta
con sus mares púrpura y nocturnos
pero mi boca aún guarda
el sabor a sangre
y me visita recurrente
alguno que otro muerto.

Tendré que hacer de mi oscuridad
también la luz
y regalarle un epitafio que dijera
"peor sería el insomnio"
para que su llanto salga dulce
como lágrima de niño
y su risa no se rompa
en el cristal
donde habitaba el miedo
y donde arrepentimientos
y antiguos nombres
asaltan
en las esquinas rojas
del sueño.

viernes, 3 de julio de 2009

(entre un margen de tiempo)

Detenida
escuchando el aullido de mi perro,
el canto de los pájaros,
los grillos en el día neuróticos y desvelados.
Una mariposa nocturna
se ha asomado a mi ventana
y ha dicho,
ha dicho que se desnudaría la Poesía,
Gloria,
sin palabras…
Un presentimiento de muerte
ha colmado la mañana,
donde hasta el sonido de una sierra
y el encender de la bomba eléctrica
hacen a mis ansias temblar.
Querías escribir, aquí tienes...
tan poco entiendo lo que digo
y tantos los lenguajes
que dormitan en mi vientre.
El perro sigue aullando.
No llovió ayer,
a pesar del 3 de Julio,
no llovió
y es bueno
porque mi frente soñaba
con las ráfagas de un cambio
aunque sea el de un día sin lluvia,
donde la protagonista se siente culpable
de que le gusta demasiado el sol.
Y es que cuando es noche,
noche
y ahora con esto de los buenos aires
mi corazón se enciende
pensando en los caminos
que domina el fuego.
Porque poco sé de equilibrios
y de Camino Medio,
porque me gusta desenredar
los nudos que nos vienen de adentro,
así como le gusta al náufrago
imaginarse el mar sin la sal,
en ese sueño también puro,
donde despertar es recordar
que estás soñando al mundo

domingo, 28 de junio de 2009

Nada es igual

Silencio
Mi respiración es la hija de tu silencio
aunque tu voz ha reventado mi mar

Escribirte
en los recodos del tiempo
para no gastar la eternidad.

Hemos venido al encuentro
por la noche
el nuevo sol alumbrará
nuestros pasados fríos.

Quisiera darte de beber
todos los ríos
(incluyendo los míos)

para que tu memoria olvidara
para siempre la sed
Y darte para oír
el canto de los árboles

que si quieres
pudiera traducir
en palabras fugaces.

"Oh Árbol"
en ti mis ramas descansan.

miércoles, 24 de junio de 2009

Cuentos desde la voz de la serpiente para biendormir

El perfume de los ojos

Las abejas no cesaban de perseguirlo, intentando, al parecer, picarle los ojos. El enjambre volaba alrededor de sus párpados que, durante el ataque, él mantenía firmemente cerrados. <<¡Estoy enfermo, mis ojos secretan una substancia que las atrae!>>, se dijo y fue a ver a un viejo oculista. El sabio lo examinó con sorpresa. <<¡En lugar de globos oculares tienes flores! ¡Son dos rosas blancas!>> <<¿Entonces, las abejas no quieren enterrarme su aguijón?>> No, muchacho. Sólo quieren beber el néctar de tus lágrimas.>> <<¿Hay un remedio para esto?>> <<¡Cesa de creerte enfermo! ¡Ve a perfumar el mundo con tu mirada!>>

De El Tesoro de la Sombra de Alejandro Jodorowsky

lunes, 22 de junio de 2009

Pájaro de 400 voces

Tal vez, sólo tal vez, la vida era más vivible antes de la llegada del espejo, los reflejos eran sutilezas de la vida, era como si la Poesía contenida nos hablase; con la llegada del espejo, empezamos a enamorarnos de la imagen y su dulce o terrible ficción, comenzamos a amar la representación de la ilusión misma y entonces la ilusión se convirtio en otra ilusión y el hombre, en medio de esos caudalosos ríos comenzó a engendrar diálogos y soliloquios y espirales y alacenas y equipaje y saltimbanquis y el poema y los modales, el maquillaje y la faena, el olvido y el oleaje, la inspiración y la condena y ya no sigo porque no se encuentra fondo en la combinaciones posibles y los monstruos (y las flores) del lenguaje.
El mundo cubierto por el velo de mis enlutados ojos.
Poeta es quien renuncia al embrujo de las palabras que empañan la pureza y esencialidad del mundo, aunque se tenga 400 voces.

Gota pequeÑa, mi dolor

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
Al hondo mar.
Luego me dije:
¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe...
La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.


Y era un dolor inmenso el mar.

Dámaso Alonso

Caminar por la tierra

Estuve mucho tiempo de luto por el suicidio de mis palabras, las guardaba en un cofre derroído y empolvado y estuve muchos días, muchas noches llorándoles porque salieron lastimadas y sangrientas de mi corazón. Ha llovido y me decidí a enterrarlas, conforme al mar de la ciudad fueron naciendo y muerto palabras y palabras, tuve que vomitar y volver a llorar porque me había comido enjambres y quimeras con brujas que no vuelan y en la noche me siento eterna pero me estaba asfixiando mi propia oscuridad. Mi voz estaba arañada por el sufrimiento y también quise, con toda el alma quise no cantar, pero conejos y alacranes (también luciérnagas y pájaros azules) se me reventaban por la piel y por los ojos, entonces, mi corazón arrodillado quiso ver de frente al sol. Y desde ahí ... recoger también los latidos del viento, verter la ternura de la flor y la lluvia que a la tierra en sueños penetra y al amor, que se esconde, cala y juega y los ojos que nos hacen temblar y las manos pasajeras y de las risas que nacen de adentro y el silencio... escribir el silencio destejiendo palabras para aligerar la carga de los versos y regresarlos a la eternidad.

jueves, 18 de junio de 2009

Epistola imposible (De La Bruja a la señora C)

"Estimada señora C, la bruja, la que convierte a los hombres en ficción: ¿Qué más pueden hacer nuestros femeninos espíritus galopantes que no saben de más realidad que la que habita en nubes trenzadas de rojos y naranjas, y se entregan a la noche porque la habita la poesía? ¿Qué más ha de esperar el mundo que nuestra voz, la que emerge desde oscuros océanos insondables, a veces como canto, a veces como grito, a veces como silencio? ¿Qué más sino locura tejemos en nuestra capa de reinas con la que subimos de los infiernos para cobijar a los pobres mortales encadenados a sus días y sus horas de comodidad, de no-pasa-nada, y ofrecerles al menos la dulzura de la fugacidad con una sonrisa apenas dibujada? Yo también lo sé, amiga, amigas del hechizo, que nuestras presencias etéreas desequilibran conciencias que se autodiagnostican como “racionales”, que cimbran las estructuras más íntimas de los sólidos edifícios que creen tocar el cielo cuando aún no han probado la humedad de la tierra, que huyen a veces como frente a una aparición por temor a mirarse en nuestros espejos y sentir el flujo de la vida que les reclama mareas, tormentas, acantilados. No, no es fácil, lo he sabido siempre. Eso de salir a la calle y no poder simplemente mirar rostros –como todo el mundo--, sino leer corazones, sentir la sangre bullir, escuchar los murmullos del pensamiento mientras los demás permanecen sordos, impasibles. Eso de andar pasillos y encontrar sólo sombras de lo que pudo estar vivo y que, al ser acariciadas por nuestro perfume, apenas son capaces de levantar la pesada cabeza que pende moribunda porque una vez renunciaron a la posibilidad de la entrega. Eso de sentarse en una banca, los pies extendiendo raíces y el cabello enredando sueños, y todos voltean –no pueden hacer más—y no saben qué hacer con nosotras porque somos peces de la tierra, serpientes celestes, aves que nadan, ¿cómo nombrarnos? ¿cómo asirnos? ¿nos deberían asir?, entonces mejor pasan de largo y tratan de olvidarnos aunque nuestra figura se les haya tatuado como un tercer ojo que los observará cada noche de luna nueva. Eso de que por nuestras bocas salgan hilos de agua, lenguajes antiguos, palabras impronunciables, voces quiméricas que construyen universos vastos, rompecabezas multidimensión, nos ha costado la hoguera, el manicomio, la admiración –ah, la dichosa admiración que nos coloca en el pedestal de lo intocable, lo lejano, lo imposible--. Y nosotras que nada más queremos que nos amen, que nos enciendan los ojos, la sonrisa y la piel, porque somos seres que transitan entre los mundos del no-tiempo, de las historias eternas, de los hallazgos secretos, de los conjuros y los sortilegios. Somos las que ya no queremos ni una gota más de admiración ni de temor, y aunque también sabemos que nunca seremos de pavimento ni de estructuras polvorientas de metal, aunque reconocemos nuestra naturaleza exótica y atemporal, nos agrada vivir entre quienes no comprenden y aún así nos reciben en la plácida habitación de su incredulidad. Pero a su vez sabemos bien, amigas del embrujo –y esto no lo podemos guardar debajo de la almohada--, que toparnos con el olor de la vehemencia de un hombre dispuesto a la travesía, desboca nuestros ríos, hincha nuestros mares, explota en soles decididos a colonizar el universo, y entonces ¿cómo culparle de su huída? ¿cómo reclamarle su espanto? ¡Imposible! Por eso nos hemos convertido en Penélopes que tejen y destejen sendas marinas esperando que un día los ojos y el corazón de algún Odiseo perdido en la niebla, encuentren el regreso al fuego del hogar.

Ishtar-la-del-nombre-impronunciable

5 de junio de 2009"

miércoles, 17 de junio de 2009

Una carta, por eso de la lluvia y otros pretextos

No sabes cuánto lamento los velos, esos signos de misterio y desconcierto que aparecieron en todas las ventanas. También lamento esa ligereza, más bien la desbandada de mis palabras, pero es que escribir para tu asombro lo hacía más fluctuante... y yo todo el mundo te quería contar, yo, que tampoco sé nada del mundo. Hay pensamientos y sueños muy pocos, queda cierto amargor que me recorre el cuello y paraliza mi voz. No es sencillo escribirte sin justificaciones ni barroquismos innecesarios, pero quiero darte mis palabras limpias, como recién bañadas por la luna para que un mar sereno vuelva a consolarte. Quisiera contarte la historia de soles y dragones y ballenas blancas, imagino que te faltan los cuentos y que la poesía se te desborda y no encuentras vacija para colmar tu belleza. Nos duele, a los dos nos duele, también, la belleza. No he comprendido, tal vez, tampoco yo nada. Es que leerte también fue una esperanza de encontrarme y como nunca antes nadie había lamidos las playas de mi nombre también ahí naufragué... tuve que perderme para volver porque el mundo era para mí sólo un espejo de mis ojos, y regreso a los silencios y las no-formas y a los colores y hasta recordarte y detener el tiempo para regar nuestras tumbas, porque en las tumbas también crecen las flores.

martes, 16 de junio de 2009



Vaciarme hasta el fondo

y luego

regresar a la tierra

para florecer.

Y

En un fragmento de papiro de un evangelio escrito en el siglo I aparece Jesús en la ribera del Jordán con personas en derredor suyo.
La primera línea deja en claro que jesús estaba hablando, pero nos resulta imposible deducir lo que se está diciendo: faltan demasiadas letras en demasiadas palabras para aventurar una conjetura. Es como si estuviésemos demasiado lejos para escucharlo.
Captamos ciertas palabras. Dice algo de poner cosa en un lugar oscuro y secreto. Algo acerca de pesar cosas que carecen de peso.
Las gentes que puede oírlo están desconcertadas y se miran unas a otras, algunas tienen sonrisas indulgentes en los labios para ayudarle a los demás a comprender.
Jesús, que también sonríe, se acerca aún más a la orilla del río, como si quisiera demostrarles algo. Se inclina sobre la superficie, extendiendo un brazo. El hueco de su mano está lleno de semillas. Nadie había notado ese puñado de semillas.
Arroja las semillas al río.
Árboles, primero en forma de brotes, luego en forma de pequeños retoños, luego en forma de árboles completamente maduros, crecen sobre las aguas tan rápido como el latido que viene después de otro latido. Todavía no han terminado de germinar cuando comienzan a moverse río abajo, a la par de la corriente; en un parpadeo, nacen frutas de sus ramas: membrillos, higos, manzanas y peras.
Es todo lo que está escrito en el fragmento.
No obstante, seguimos dándoles vueltas en nuestra imaginación: la gente, como en un sueño, corre para no perder de vista los árboles. ¿Los árboles se hunden en el río? ¿O continúan flotando hasta desvancerse en un recodo?

Guy Davenport

viernes, 12 de junio de 2009

ELLA


Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas


Vicente Huidobro

domingo, 10 de mayo de 2009

El secuestro de la hija del viento

Explicar con palabras de este mundo
que partió de mi un barco llevándome
Alejandra Pizarnik

Me pongo a tejer versos
y desdibujo mi cara
y conjuro mis palabras de agua
con las leyendas del viento

*

¿Por qué escribes, Gloria?

Porque viejas voces
se levantan
Sus palabras inundan
insostenidas traiciones
haciendo el amor
se lamen
se amortajan
intercambian su disfraz
y mi corazón se las traga
con el fervor que se
consagra a los ídolos


La noche no me deja
escribir de la noche
que olvidó ponerse la luna
y yo trato de llegar
al nombre que diga
quién embrujó los suspiros
de la hija del viento
dejándome muda
y me devora la sombra
regresándome anclada
inundada
ebria de ventanas de vida
y tornar a la palabra
mendigando a sus hijas
naufragios
de estéril poesía

Yo como Alejandra
quedándome
entre el fantasma
de las palabras

martes, 24 de marzo de 2009

1

El viento hincha el clamor
nunca escuchado en las paredes
todo es un estertor
que el silencio sostiene

Hombres que a lágrimas
regresaron a la tierra
resignándose a nutrir
en su regazo el corazón del mar

¿A dónde zarparán
los amores de cajón?
Quedarán con certeza
 a los domingos adheridos

Acaso soñaré la poesía
acaso en la vida sostenida
el misterio de la luz
encederá mi frente

El corazón está
inundado de amar
la soledad se cuela
por los desgarramientos
que mi vientre engendra

Y yo espero y contemplo
deslumbrada ante el hechizo
de la vida
detengo mi canción
desbaratando al tiempo

martes, 10 de marzo de 2009

Escritura en rehabilitación

Ahora que solté el lamento de mis versos no sé quién soy. Pero la que llora en un rincón tampoco eres tú, Gloria, no es tu tristeza ni es tu amargura, son los estertores del mundo que con los tuyos confundes porque se generan de la misma tragedia.
"Del tamaño de tu sombra es tu luz" -me ha dicho- y un luminar en mí recordó soles que nunca se funden. No es esta la primera vez que me encierro en la forma, apartarme de la ilusión es encontrar el último cauce. Todo en mí vive y vocifera pero yo no hablo porque se enreda el corazón, ahora aferrado al silencio ¿cuál de todas estas soy yo? Y una turba se levanta, yo vigilo a la que se queda callada y observa, cuando su mirada me encuentra la pregunta pierde sentido y yo, consagrada a los brazos del viento, suelto la pluma.

viernes, 6 de febrero de 2009

Desahogo impersonal

Tal vez la que en mí se esconde
sea la poeta,
adormilada en la tristeza
se construyó un canto
que la identificó.
No habrá de entonar de nuevo
este canto
mientras esté despierta,
el sueño del miedo y la demencia
me persiguen porque al mirarlos
se me reveló
lo que tampoco soy.

jueves, 29 de enero de 2009

De mundos caídos

Heme aquí sobre los escombros de lo que fue mundo, ya no escribirá mi mano moribundas palabras, no hablaré más de los vestigios que fueron mi templo porque la mirada de un pájaro o el alumbrar de la vida me distraerán. No se cansa mi mano, mi pulso no se cansa ni pierde tiento, he de hacerles justicia al silencio de las rocas o al corazón del mar, dar luz a los ciegos y ser agua para el que sediento maldice, mi canción no va más para este público nulo, arrinconado y triste, este canto se pierde en el arrullo del anonimato, en la voz de la eternidad.

lunes, 26 de enero de 2009

Fragmentos para dominar el silencio


I

Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

II


Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo. Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.


III

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.

Alejandra Pizarnik