domingo, 28 de junio de 2009

Nada es igual

Silencio
Mi respiración es la hija de tu silencio
aunque tu voz ha reventado mi mar

Escribirte
en los recodos del tiempo
para no gastar la eternidad.

Hemos venido al encuentro
por la noche
el nuevo sol alumbrará
nuestros pasados fríos.

Quisiera darte de beber
todos los ríos
(incluyendo los míos)

para que tu memoria olvidara
para siempre la sed
Y darte para oír
el canto de los árboles

que si quieres
pudiera traducir
en palabras fugaces.

"Oh Árbol"
en ti mis ramas descansan.

miércoles, 24 de junio de 2009

Cuentos desde la voz de la serpiente para biendormir

El perfume de los ojos

Las abejas no cesaban de perseguirlo, intentando, al parecer, picarle los ojos. El enjambre volaba alrededor de sus párpados que, durante el ataque, él mantenía firmemente cerrados. <<¡Estoy enfermo, mis ojos secretan una substancia que las atrae!>>, se dijo y fue a ver a un viejo oculista. El sabio lo examinó con sorpresa. <<¡En lugar de globos oculares tienes flores! ¡Son dos rosas blancas!>> <<¿Entonces, las abejas no quieren enterrarme su aguijón?>> No, muchacho. Sólo quieren beber el néctar de tus lágrimas.>> <<¿Hay un remedio para esto?>> <<¡Cesa de creerte enfermo! ¡Ve a perfumar el mundo con tu mirada!>>

De El Tesoro de la Sombra de Alejandro Jodorowsky

lunes, 22 de junio de 2009

Pájaro de 400 voces

Tal vez, sólo tal vez, la vida era más vivible antes de la llegada del espejo, los reflejos eran sutilezas de la vida, era como si la Poesía contenida nos hablase; con la llegada del espejo, empezamos a enamorarnos de la imagen y su dulce o terrible ficción, comenzamos a amar la representación de la ilusión misma y entonces la ilusión se convirtio en otra ilusión y el hombre, en medio de esos caudalosos ríos comenzó a engendrar diálogos y soliloquios y espirales y alacenas y equipaje y saltimbanquis y el poema y los modales, el maquillaje y la faena, el olvido y el oleaje, la inspiración y la condena y ya no sigo porque no se encuentra fondo en la combinaciones posibles y los monstruos (y las flores) del lenguaje.
El mundo cubierto por el velo de mis enlutados ojos.
Poeta es quien renuncia al embrujo de las palabras que empañan la pureza y esencialidad del mundo, aunque se tenga 400 voces.

Gota pequeÑa, mi dolor

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
Al hondo mar.
Luego me dije:
¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe...
La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.


Y era un dolor inmenso el mar.

Dámaso Alonso

Caminar por la tierra

Estuve mucho tiempo de luto por el suicidio de mis palabras, las guardaba en un cofre derroído y empolvado y estuve muchos días, muchas noches llorándoles porque salieron lastimadas y sangrientas de mi corazón. Ha llovido y me decidí a enterrarlas, conforme al mar de la ciudad fueron naciendo y muerto palabras y palabras, tuve que vomitar y volver a llorar porque me había comido enjambres y quimeras con brujas que no vuelan y en la noche me siento eterna pero me estaba asfixiando mi propia oscuridad. Mi voz estaba arañada por el sufrimiento y también quise, con toda el alma quise no cantar, pero conejos y alacranes (también luciérnagas y pájaros azules) se me reventaban por la piel y por los ojos, entonces, mi corazón arrodillado quiso ver de frente al sol. Y desde ahí ... recoger también los latidos del viento, verter la ternura de la flor y la lluvia que a la tierra en sueños penetra y al amor, que se esconde, cala y juega y los ojos que nos hacen temblar y las manos pasajeras y de las risas que nacen de adentro y el silencio... escribir el silencio destejiendo palabras para aligerar la carga de los versos y regresarlos a la eternidad.

jueves, 18 de junio de 2009

Epistola imposible (De La Bruja a la señora C)

"Estimada señora C, la bruja, la que convierte a los hombres en ficción: ¿Qué más pueden hacer nuestros femeninos espíritus galopantes que no saben de más realidad que la que habita en nubes trenzadas de rojos y naranjas, y se entregan a la noche porque la habita la poesía? ¿Qué más ha de esperar el mundo que nuestra voz, la que emerge desde oscuros océanos insondables, a veces como canto, a veces como grito, a veces como silencio? ¿Qué más sino locura tejemos en nuestra capa de reinas con la que subimos de los infiernos para cobijar a los pobres mortales encadenados a sus días y sus horas de comodidad, de no-pasa-nada, y ofrecerles al menos la dulzura de la fugacidad con una sonrisa apenas dibujada? Yo también lo sé, amiga, amigas del hechizo, que nuestras presencias etéreas desequilibran conciencias que se autodiagnostican como “racionales”, que cimbran las estructuras más íntimas de los sólidos edifícios que creen tocar el cielo cuando aún no han probado la humedad de la tierra, que huyen a veces como frente a una aparición por temor a mirarse en nuestros espejos y sentir el flujo de la vida que les reclama mareas, tormentas, acantilados. No, no es fácil, lo he sabido siempre. Eso de salir a la calle y no poder simplemente mirar rostros –como todo el mundo--, sino leer corazones, sentir la sangre bullir, escuchar los murmullos del pensamiento mientras los demás permanecen sordos, impasibles. Eso de andar pasillos y encontrar sólo sombras de lo que pudo estar vivo y que, al ser acariciadas por nuestro perfume, apenas son capaces de levantar la pesada cabeza que pende moribunda porque una vez renunciaron a la posibilidad de la entrega. Eso de sentarse en una banca, los pies extendiendo raíces y el cabello enredando sueños, y todos voltean –no pueden hacer más—y no saben qué hacer con nosotras porque somos peces de la tierra, serpientes celestes, aves que nadan, ¿cómo nombrarnos? ¿cómo asirnos? ¿nos deberían asir?, entonces mejor pasan de largo y tratan de olvidarnos aunque nuestra figura se les haya tatuado como un tercer ojo que los observará cada noche de luna nueva. Eso de que por nuestras bocas salgan hilos de agua, lenguajes antiguos, palabras impronunciables, voces quiméricas que construyen universos vastos, rompecabezas multidimensión, nos ha costado la hoguera, el manicomio, la admiración –ah, la dichosa admiración que nos coloca en el pedestal de lo intocable, lo lejano, lo imposible--. Y nosotras que nada más queremos que nos amen, que nos enciendan los ojos, la sonrisa y la piel, porque somos seres que transitan entre los mundos del no-tiempo, de las historias eternas, de los hallazgos secretos, de los conjuros y los sortilegios. Somos las que ya no queremos ni una gota más de admiración ni de temor, y aunque también sabemos que nunca seremos de pavimento ni de estructuras polvorientas de metal, aunque reconocemos nuestra naturaleza exótica y atemporal, nos agrada vivir entre quienes no comprenden y aún así nos reciben en la plácida habitación de su incredulidad. Pero a su vez sabemos bien, amigas del embrujo –y esto no lo podemos guardar debajo de la almohada--, que toparnos con el olor de la vehemencia de un hombre dispuesto a la travesía, desboca nuestros ríos, hincha nuestros mares, explota en soles decididos a colonizar el universo, y entonces ¿cómo culparle de su huída? ¿cómo reclamarle su espanto? ¡Imposible! Por eso nos hemos convertido en Penélopes que tejen y destejen sendas marinas esperando que un día los ojos y el corazón de algún Odiseo perdido en la niebla, encuentren el regreso al fuego del hogar.

Ishtar-la-del-nombre-impronunciable

5 de junio de 2009"

miércoles, 17 de junio de 2009

Una carta, por eso de la lluvia y otros pretextos

No sabes cuánto lamento los velos, esos signos de misterio y desconcierto que aparecieron en todas las ventanas. También lamento esa ligereza, más bien la desbandada de mis palabras, pero es que escribir para tu asombro lo hacía más fluctuante... y yo todo el mundo te quería contar, yo, que tampoco sé nada del mundo. Hay pensamientos y sueños muy pocos, queda cierto amargor que me recorre el cuello y paraliza mi voz. No es sencillo escribirte sin justificaciones ni barroquismos innecesarios, pero quiero darte mis palabras limpias, como recién bañadas por la luna para que un mar sereno vuelva a consolarte. Quisiera contarte la historia de soles y dragones y ballenas blancas, imagino que te faltan los cuentos y que la poesía se te desborda y no encuentras vacija para colmar tu belleza. Nos duele, a los dos nos duele, también, la belleza. No he comprendido, tal vez, tampoco yo nada. Es que leerte también fue una esperanza de encontrarme y como nunca antes nadie había lamidos las playas de mi nombre también ahí naufragué... tuve que perderme para volver porque el mundo era para mí sólo un espejo de mis ojos, y regreso a los silencios y las no-formas y a los colores y hasta recordarte y detener el tiempo para regar nuestras tumbas, porque en las tumbas también crecen las flores.

martes, 16 de junio de 2009



Vaciarme hasta el fondo

y luego

regresar a la tierra

para florecer.

Y

En un fragmento de papiro de un evangelio escrito en el siglo I aparece Jesús en la ribera del Jordán con personas en derredor suyo.
La primera línea deja en claro que jesús estaba hablando, pero nos resulta imposible deducir lo que se está diciendo: faltan demasiadas letras en demasiadas palabras para aventurar una conjetura. Es como si estuviésemos demasiado lejos para escucharlo.
Captamos ciertas palabras. Dice algo de poner cosa en un lugar oscuro y secreto. Algo acerca de pesar cosas que carecen de peso.
Las gentes que puede oírlo están desconcertadas y se miran unas a otras, algunas tienen sonrisas indulgentes en los labios para ayudarle a los demás a comprender.
Jesús, que también sonríe, se acerca aún más a la orilla del río, como si quisiera demostrarles algo. Se inclina sobre la superficie, extendiendo un brazo. El hueco de su mano está lleno de semillas. Nadie había notado ese puñado de semillas.
Arroja las semillas al río.
Árboles, primero en forma de brotes, luego en forma de pequeños retoños, luego en forma de árboles completamente maduros, crecen sobre las aguas tan rápido como el latido que viene después de otro latido. Todavía no han terminado de germinar cuando comienzan a moverse río abajo, a la par de la corriente; en un parpadeo, nacen frutas de sus ramas: membrillos, higos, manzanas y peras.
Es todo lo que está escrito en el fragmento.
No obstante, seguimos dándoles vueltas en nuestra imaginación: la gente, como en un sueño, corre para no perder de vista los árboles. ¿Los árboles se hunden en el río? ¿O continúan flotando hasta desvancerse en un recodo?

Guy Davenport

viernes, 12 de junio de 2009

ELLA


Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas


Vicente Huidobro