jueves, 18 de junio de 2009

Epistola imposible (De La Bruja a la señora C)

"Estimada señora C, la bruja, la que convierte a los hombres en ficción: ¿Qué más pueden hacer nuestros femeninos espíritus galopantes que no saben de más realidad que la que habita en nubes trenzadas de rojos y naranjas, y se entregan a la noche porque la habita la poesía? ¿Qué más ha de esperar el mundo que nuestra voz, la que emerge desde oscuros océanos insondables, a veces como canto, a veces como grito, a veces como silencio? ¿Qué más sino locura tejemos en nuestra capa de reinas con la que subimos de los infiernos para cobijar a los pobres mortales encadenados a sus días y sus horas de comodidad, de no-pasa-nada, y ofrecerles al menos la dulzura de la fugacidad con una sonrisa apenas dibujada? Yo también lo sé, amiga, amigas del hechizo, que nuestras presencias etéreas desequilibran conciencias que se autodiagnostican como “racionales”, que cimbran las estructuras más íntimas de los sólidos edifícios que creen tocar el cielo cuando aún no han probado la humedad de la tierra, que huyen a veces como frente a una aparición por temor a mirarse en nuestros espejos y sentir el flujo de la vida que les reclama mareas, tormentas, acantilados. No, no es fácil, lo he sabido siempre. Eso de salir a la calle y no poder simplemente mirar rostros –como todo el mundo--, sino leer corazones, sentir la sangre bullir, escuchar los murmullos del pensamiento mientras los demás permanecen sordos, impasibles. Eso de andar pasillos y encontrar sólo sombras de lo que pudo estar vivo y que, al ser acariciadas por nuestro perfume, apenas son capaces de levantar la pesada cabeza que pende moribunda porque una vez renunciaron a la posibilidad de la entrega. Eso de sentarse en una banca, los pies extendiendo raíces y el cabello enredando sueños, y todos voltean –no pueden hacer más—y no saben qué hacer con nosotras porque somos peces de la tierra, serpientes celestes, aves que nadan, ¿cómo nombrarnos? ¿cómo asirnos? ¿nos deberían asir?, entonces mejor pasan de largo y tratan de olvidarnos aunque nuestra figura se les haya tatuado como un tercer ojo que los observará cada noche de luna nueva. Eso de que por nuestras bocas salgan hilos de agua, lenguajes antiguos, palabras impronunciables, voces quiméricas que construyen universos vastos, rompecabezas multidimensión, nos ha costado la hoguera, el manicomio, la admiración –ah, la dichosa admiración que nos coloca en el pedestal de lo intocable, lo lejano, lo imposible--. Y nosotras que nada más queremos que nos amen, que nos enciendan los ojos, la sonrisa y la piel, porque somos seres que transitan entre los mundos del no-tiempo, de las historias eternas, de los hallazgos secretos, de los conjuros y los sortilegios. Somos las que ya no queremos ni una gota más de admiración ni de temor, y aunque también sabemos que nunca seremos de pavimento ni de estructuras polvorientas de metal, aunque reconocemos nuestra naturaleza exótica y atemporal, nos agrada vivir entre quienes no comprenden y aún así nos reciben en la plácida habitación de su incredulidad. Pero a su vez sabemos bien, amigas del embrujo –y esto no lo podemos guardar debajo de la almohada--, que toparnos con el olor de la vehemencia de un hombre dispuesto a la travesía, desboca nuestros ríos, hincha nuestros mares, explota en soles decididos a colonizar el universo, y entonces ¿cómo culparle de su huída? ¿cómo reclamarle su espanto? ¡Imposible! Por eso nos hemos convertido en Penélopes que tejen y destejen sendas marinas esperando que un día los ojos y el corazón de algún Odiseo perdido en la niebla, encuentren el regreso al fuego del hogar.

Ishtar-la-del-nombre-impronunciable

5 de junio de 2009"

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