domingo, 30 de agosto de 2009

ESOS LOCOS FURIOSOS INCREÍBLES


Llegan apresurados y nunca dicen para qué
ni de dónde proceden
y enseguida te piden dos mil francos
que casi siempre te han de devolver
o te quitan la toalla sin respeto
cuando te estás duchando
se ponen la colonia los polvos el masaje
la loción de tu novio o de tu hija
te arrastran a lugares espantosos o bellos
y ni siquiera piden tu opinión
y beben prodigiosamente se ponen a cantar
en cualquier parte
o arman la del gran dios en un bar miserable
y por motivos nimios
siempre siempre avasallan
te compran un sombrero
o unas flores
y un día salen al galope quizá hacia los infiernos
qué desastre.


Señora caballero muchachita asustada
militante de un partido ecologista:
si se tropieza usted con uno de esos
locos furiosos increíbles
no le deje escapar llévelo a casa
son tiernos como niños
a veces tienen frío quién sabe si es porque
les han pegado duro
duermen poco se lavan todo el rato y son muy
besucones y mirones
pero cuidan los libros
sacan todas las noches
el cubo de basura a la escalera
y están sólo pendientes de tener siempre
un cenicero al lado.

Tienen por fin el gran inconveniente:
se van mas vuelven pronto
duran toda la vida.

José Augustín Goytisolo

jueves, 27 de agosto de 2009

A toda costa amanecer

Por muchas lunas que cuente
tal vez un día mi grito se canse de cansarse
y empiece a contarse otras historias,
además de las que siempre recita.

Tal vez,
por estos días
se le caigan los vestidos a mi vanidad
y se ahogue adentro de su vergüenza.

Tal vez se me caigan los depojos con paciencia.

Quizá dividir e igualar mi amor
sea la respuesta
y no amar jamás unos ojos por encima del aire,
ni amar a Baudelaire por encima
de los merolicos por las calles.

Dejar de ser quien creo ser
y caminar el camino
aunque no me siga nadie.

viernes, 21 de agosto de 2009

Algo sobre Anasthasia Pernath

Ayer lluvia
Hoy guarda sus abrazos
Recelosa se muestra

con su herida
recién curada apenas
Se le olvida
y se vuelve a lastimar
Es sólo cuestión de concentrarse
-se repite a diario-
y bueno, disciplina,
madurez, constancia,

ligereza,
pasa un lucero
o la luna entra en su sueño
y eso basta para que durante el día
no quiera salir a jugar.
Teme ver a los ojos
de su hermano miedo
No sabe cómo actuar frente al espejo
y logra a veces
con su mirada
acariciar gatuna su imagen.
No teme saltar
pero no sabe
hacia qué lado saltar.
Hay días
en los que no quisiera hablar
y hay días
en los que habla como si Babel
estuviese condenada a desaparecer
junto con todos nuestros deseos.
Y se apresura
y busca charlas
e historias que contar
historias de magia
pura y verdadera
No más.

Siempre en las calles de Madrid








A Gloria siempre en las calles de Madrid:

Es una historia complicada
y una niña muy compleja,
¿qué hacía ella sola en las calles de Madrid?
Entre gente española,
entre humo y café,
entre sueños y esperanzas aguardando el porvenir...
...sola ella está...

¿Y qué pasa por su mente?
¿qué le dicta el corazón?
¿qué la lleva sin camino por las calles de Madrid?
Una lágrima salada
y una risa esperanzada
es lo que ella ha traído desde su lejano país,
y nada más.

Y las noches estivales
las pasa en aquel bar,
escondida y solitaria entre las calles de Madrid.
Sentada sola en la esquina,
escuchando a alguien cantar,
lleva consigo una pluma, un papel y su sentir,
y nada más.

Come una vez al día,
duerme cuatro horas y ya
pues gasta todo su tiempo en las calles de Madrid.
Conoce las librerías,
poco sabe de la Iglesia;
le interesa solo aquello que pueda leer o escribir,
y nada más.

Yo la he visto soñar,
yo la he visto sonreír,
yo la he visto volar entre las nubes de Madrid.
Yo la he visto en un café,
y la he visto escribir
poemas que sólo canta al hombre que la hace vivir;
él no tiene nombre, y no,
parece no existir,
y aunque dura es la espera ella lo prefiere así.
No se arriesga, mas no ceja, sólo quiere ser feliz;
sabe bien lo que desea y lo espera sin sufrir.

Yo la he visto por aquí,
y la he visto junto a mí;
yo la he visto caminando entre estas calles
de Madrid.

Magdalena Pérez Selvas

17-Oct-2006


martes, 18 de agosto de 2009

TODO




Los muertos no necesitan

aspirinas o

penas,

supongo


pero parece que necesitan

la lluvia.

Tampoco zapatos

pero sí un lugar

sobre el que caminar


tampoco cigarrillos,

nos dicen,

pero sí un lugar

en el que arder

se nos dice:

el espacio y un lugar

donde volar

podrían ser

lo mismo


los muertos no me

necesitan


ni tampoco los

vivos


pero es posible que los muertos se necesiten

los unos

a los otros


en realidad, los muertos podrían necesitar

todas las cosas que nosotros

necesitamos


y nosotros necesitamos tanto,

si supiéramos

de cuánto

se trata


probablemente

todo


y probablemente

moriremos

intentando conseguirlo


o moriremos


porque

no lo logramos


espero

que entiendas

cuando yo haya muerto


que yo logré

todo

lo

que pude.


Charles Bukowski

jueves, 13 de agosto de 2009

Fatalité

Notre Dame, Victor Hugo recostado en una de las bancas con pose de desenfado intuyendo en el aire pétalos dormidos, jactándose de que todo lo habitable está destinado a posar para su pluma y de pronto, en uno de los muros de la catedral, en desesperada letra, la palabra Fatalité sale al encuentro de sus ojos, en ese justo instante suenan las campanas de la torre, los cristales vibran, cae en cuenta de que él con ellos se iguala y sintoniza y al fin, gracias a esa racha de fortuna poderosa, la histora de un campanario cobra vida y valor para una mano que devora historias de la gente sin rostro ni estirpe.

¿Quién espera -con los ojos llameantes- asomarse al cielo desde los visillos de nostalgia? ¿De dónde naces y por dónde declinas? ¿Qué encierros te guardan para no desmoronarte?


Tú, el que se quedó sin nombre, desdoblando los recuerdos para repetir sus caretas, ya frígidas, ya yertas, deplorando con tristeza el nuevo sol, sintiendo en tus entrañas su fuego vanidoso que te ridiculiza y te lanza a los brazos de la noche.

Transeúnte nocturno, tarareando el ritmo de tu llanto porque qué sabes tú de sinfonías, gime más fuerte, pareciese que también se taparon los oídos.


Y es que no sólo tú, campanario nominado por el escriba, fuera de tu encierro están los que no soportan los clamores de su corazón y también se guardan y se esconden sin necesidad de eregir una torre o levantar un muro. Para la rupestre burguesía representan tú y los otros, nosotros, las grandes manchas en la majestuosidad de París o en los espectáculos de las esquinas del mundo. El poeta permanece mustio y cabizbajo cuando a tu lado pasa, imposibilitado para retener el instante apresura el paso mientras sueña con el enervante aroma de sus letras.


¡Qué tragedia! Y pensar que no se es sino un pretexto para las estadísticas. Leyendas con poca o demasiada dosis de sentimentalismo alarmante y terriblemente explotado. Con excesiva sobriedad, con potente polvo invisible, con insuficiente intrepidez para que al desquebrajarnos abrir la ventana y vomitarlo para luego inscribirnos en el mito.


Que el Eterno Retorno permanezca incesante, que los siglos continúen en su inmutable abstracción en una historia mocha que condena a la orilla o al silencio a los que quedaron -sin quererlo- al margen de ella. Encaren impávidos su quasi incorregible fatalidad, esperando su multiplicidad para saciar la sed de los hipócritas prosistas, que siempre, tan convenientemente como Pilatos, se lavan las manos.

Impermanencia

Días incendiando hasta el delirio humano.
En el amanecer apresurado del alma
corrompe el crepúsculo
desprotegidos destellos.
Los nubla, los hechiza, los mata.
Vida-festín aún más fugaz
que el esplendor de la pirotecnia
que a marcha apresurada
aunque se extienda
cae
cual vehemente suicida.
.
Anasthasia Pernath

martes, 11 de agosto de 2009

Sueño

Soñé que una parte de mi casa se incendiaba por una vela que en la noche había dejado prendida, corría desesperada intentando apaciguar el fuego con todas mis botellas de agua, pedía ayuda a mis padres y hermanos pero no acudían, en medio del pánico no pude evitar pensar en "Pedro y el Lobo" y en aceptar que me tocaba apagarlo sola, después de varios intentos lo conseguía.
Regresando a mi cuarto, una mesita que funge de altar estaba volteada con las patas hacia arriba, mi primer pensamiento fue para el Siddharta de cera y comencé con impaciencia y angustia a buscarlo, no lo encontraba.
Intenté calmarme concentrándome en los otros posibles objetos rotos: el hada intacta (extrañamente de pie) ¿y el burrito Prometeo? Ahí estaba, también de pie, Milofo, de pie, el árbol de la vida, de pie, Borges también estaba de pie.
-Bueno y... ¿Siddharta?
...
Rota la cabeza tenía, derramando un líquido espeso y azul, (sentí la misma emoción cuando un día pidiendo frenética por mi salud me encontré en la alberca una araña muerta)
Tal vez el sueño tenga razón... por más que me haga pendeja, por más que me parta idiota e inutilmente la cabeza.

domingo, 9 de agosto de 2009

Escéptica

Y porque ya no podía escribir con las luces apagadas, mientras la noche abría sus vestidos marinos de púrpura espanto, a fuerza de seguir -aun débil- brillando, me bañaba en luz de Luna y confieso que alguna que otra vez me encandiló y que llegó (en mi Ceguera Noche Sin Puertas) a serme insoportable; pensaba con la misma contrición que Maiakovski que tampoco resistiría otro tormento inestelar, entonces perseguía estrellas de guerra, grises, naranjas, pasajeras, desbocando sin mesura, sin decoro mi mar. Ya no quiero cantar historias de soles fundidos, ha nacido en mi corazón el nuevo Sol, jamás extinto (desapercibido y olvidado sí). Ahora con la luz de mis cuentos, mi memoria tejedora, mis palabras de deseos, tu fulgor en mis ventanas hasta los domingos por la tarde alegrará...

viernes, 7 de agosto de 2009

Por recordar algo

Después de todo, vivimos en un mundo mojigato y estrecho donde las falsas puertas a la liberación y al frenesí refieren siempre a la sexualidad o al alcoholismo. Exaltarlas con elogios, diatribas, canciones, se torna tan pedestre y aburrido.
Otros pecados llegan a ser más interesantes: la gula del pobre, la envidia del editor, la soberbia del imbécil.

H. J. Ayala

martes, 4 de agosto de 2009

Manuscrito encontrado en De Profundis








"El dolor es un instante inmenso,
no podemos dividirlo en estaciones,
sólo podemos registrar sus caprichos
y hacer la crónica de su retorno"



O. Wilde

Según el criterio común de las sociedades de todos los tiempos, un hombre de bien es quien ejerce y obedece lo que dictan los preceptos de sus antepasados -más o menos corrompidos que él- no obstante, yo podría sospechar en él cierta falta de conciencia porque en su calidad de actor autómata -siguiendo esos códigos o mandamientos, sin atreverse a mirar hacia los lados o adentro- no se permite improvisar y su libertad entonces se ve cortada.

En cambio, el marginado, el desencaminado, sigue el mandato de un principio interno, por consiguiente elevado, sin sacrificar su propia conciencia que en algún punto habrá de retroceder e inclinarse invariablemente hacia la perfección o la destrucción, aunque muera en sus actos de ridículo y vergüenza, aunque su río se espante de sus propias fauces y tema por su perdón a sí mismo y a lo que se imagina, desde dentro contempla.