martes, 4 de agosto de 2009

Manuscrito encontrado en De Profundis








"El dolor es un instante inmenso,
no podemos dividirlo en estaciones,
sólo podemos registrar sus caprichos
y hacer la crónica de su retorno"



O. Wilde

Según el criterio común de las sociedades de todos los tiempos, un hombre de bien es quien ejerce y obedece lo que dictan los preceptos de sus antepasados -más o menos corrompidos que él- no obstante, yo podría sospechar en él cierta falta de conciencia porque en su calidad de actor autómata -siguiendo esos códigos o mandamientos, sin atreverse a mirar hacia los lados o adentro- no se permite improvisar y su libertad entonces se ve cortada.

En cambio, el marginado, el desencaminado, sigue el mandato de un principio interno, por consiguiente elevado, sin sacrificar su propia conciencia que en algún punto habrá de retroceder e inclinarse invariablemente hacia la perfección o la destrucción, aunque muera en sus actos de ridículo y vergüenza, aunque su río se espante de sus propias fauces y tema por su perdón a sí mismo y a lo que se imagina, desde dentro contempla.


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