martes, 29 de septiembre de 2009

para descolmar al tiempo de tiempo

Empecé a escribir a los 7 años, he dejado la escritura en reposo por periodos muy largos... Recuerdo el disfraz de gitana, recuerdo en San Fernando el calor seco, la noche estrellada, las avispas, los calambres que la niña sentía como hormigas, pero la memoria sin la palabra se queda flotando y es que una tiene la impresión de que en ocasiones (la mayoría) la pluma no alcanza.
Recuerdo La Casa de Asterión: "Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía y tal vez de locura...", Carta a una señorita de París: los conejos negros, los grises y los blancos pequeños, en rebeldía porque no soportaban el anonimato ni el encierro. Recuerdo el sufrimiento en la cara del que ha muerto, es que resulta demasiado penoso vomitar conejos, por más que una esté acostumbrada al ridículo, y todavía más cuando están negros, monstruosos, inmensos. Los blancos, aunque tibios, calan duro en la garganta.
Escritura, dame la entereza para tolerar la esgrima que llevas, para no deformarte en tu primera belleza, para no emperlarte sin necesidad.
Escritura, quítame el tiempo y concede la eternidad para abarcar la vida entera, palabras para traducir el corazón del mundo, los síntomas del amor, las terribles y fantásticas facetas de la Señora Locura ¿qué es locura?
Haz que mi mano desate tempestades, haz que la pluma desencadene una guerra sin tregua contra la cobardía, el olvido, el desamor y demás oleajes. Que la hoja sea el contenedor de esta alquimia, conjuros, llamados, berridos.
Palabras, reprodúzcanse al igual que el pan y el vino, que no se me escabullan nunca, que su andar sea firme y ligero como el de los caballeros andantes que saben que sentir en las entrañas la verdad es parecido a la locura, pero todo lo contrario...

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