domingo, 1 de noviembre de 2009

Pandora y su último secreto

Llorándole a la noche todavía
como si jugase con el dolor,
demasiado confiada
en la abundancia infinita del mar
y en la bondad de la luna,
quien seca todas las lágrimas.

Como seguir husmeando
en las aristas de su sufrimiento
y toda su hondura,
sondeando en un mar de profusos abismos,
en el engaño siniestro de sus sinfondos.

La melancolía la embruja
como la luz clara de luna,
acostumbrada su lengua
aún procura
el sabor áspero de la sal.

¿Cómo reventarle las palabras
a estos versos?
Porque se ahogan en el derrame
de su propia espiral.

Su alquimia será convertir su canto
en el canto de un pájaro
de melodía impersonal,
haciendo de su espejo
los espejos del mundo
convertidos en un único fuego.

Paciencia,
-dice asustada la niña que guarda en su pecho-
paciencia,
que la noche da la ilusión
de pasarse lento,
pero la tierra en su desesperanza
olvida que el amanecer vendrá...

1 comentario:

Estefanía Rojas dijo...

Gloria, a veces la oscuridad se vuelve una cómplice y alcahueta de nuestro sufrimiento y nuestra locura. A veces duele mucho ver de nuevo el amanecer.