lunes, 22 de junio de 2009

Pájaro de 400 voces

Tal vez, sólo tal vez, la vida era más vivible antes de la llegada del espejo, los reflejos eran sutilezas de la vida, era como si la Poesía contenida nos hablase; con la llegada del espejo, empezamos a enamorarnos de la imagen y su dulce o terrible ficción, comenzamos a amar la representación de la ilusión misma y entonces la ilusión se convirtio en otra ilusión y el hombre, en medio de esos caudalosos ríos comenzó a engendrar diálogos y soliloquios y espirales y alacenas y equipaje y saltimbanquis y el poema y los modales, el maquillaje y la faena, el olvido y el oleaje, la inspiración y la condena y ya no sigo porque no se encuentra fondo en la combinaciones posibles y los monstruos (y las flores) del lenguaje.
El mundo cubierto por el velo de mis enlutados ojos.
Poeta es quien renuncia al embrujo de las palabras que empañan la pureza y esencialidad del mundo, aunque se tenga 400 voces.

Gota pequeÑa, mi dolor

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.
Al hondo mar.
Luego me dije:
¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe...
La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.


Y era un dolor inmenso el mar.

Dámaso Alonso

Caminar por la tierra

Estuve mucho tiempo de luto por el suicidio de mis palabras, las guardaba en un cofre derroído y empolvado y estuve muchos días, muchas noches llorándoles porque salieron lastimadas y sangrientas de mi corazón. Ha llovido y me decidí a enterrarlas, conforme al mar de la ciudad fueron naciendo y muerto palabras y palabras, tuve que vomitar y volver a llorar porque me había comido enjambres y quimeras con brujas que no vuelan y en la noche me siento eterna pero me estaba asfixiando mi propia oscuridad. Mi voz estaba arañada por el sufrimiento y también quise, con toda el alma quise no cantar, pero conejos y alacranes (también luciérnagas y pájaros azules) se me reventaban por la piel y por los ojos, entonces, mi corazón arrodillado quiso ver de frente al sol. Y desde ahí ... recoger también los latidos del viento, verter la ternura de la flor y la lluvia que a la tierra en sueños penetra y al amor, que se esconde, cala y juega y los ojos que nos hacen temblar y las manos pasajeras y de las risas que nacen de adentro y el silencio... escribir el silencio destejiendo palabras para aligerar la carga de los versos y regresarlos a la eternidad.