domingo, 5 de julio de 2009


“Magda Lemonnier recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En cajas verdes, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia.
A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.”


Eduardo Galeano

Otra vez la palabra

Y regresar al silencio de las cosas, aunque todo busque su nombre, aprovechar los vientos de inspiración encendida (entre los dientes traigo esta palabra) No temerle a las cosas ni a su nombre, no temerles, duele mucho más pensar en el fracaso, que irte de bruces en la inconciencia de tus años. A lo mejor valdría ponernos a segar alguna que otra voz, porque a veces o muchas las palabras sobran. Se nos escapan mareas y remolinos y Fantasía se nos desboca. Hay que encontrar la palabra justa y no resbalar en el sitio sagrado de los nombres, porque el lenguaje sabe vestirse de belleza inefable y engarzar a las almas que se dejan enredar en cualquier telaraña hipócrita de la palabra, en las buhardillas sin ventanas que pretenden guardar el sitio secreto de las cosas.

Entrada

Dejo que las cosas pasen
y pasan
No, yo no dejo ni no dejo
sólo pretendo
acariciar las cosas
con mi mirada
y el luminoso espejo
de estos ojos oscuros
hacerlo de piedra blanda.

Retratos de la innominada

A uno siempre le da
por definirse,
pulir las hendiduras
que ha marcado el tiempo,
los cajones cerrados
del espejo
donde nos decimos
que no pasó nada,
que si la grieta está abierta
y sangra
pasamos por ella
de largo nuestros ojos
porque no se sabe
que demonios
detrás de la puerta
aguardan
Todo comienza en el miedo
y desde ahí se juntan
las sombras
descarnadas
Todo te has puesto.
Hemos llevado
exceso de equipaje
Cargamos en los almacenes
de la boca
ideas, poemas,
respuestas
para levantar
a nuestra medida
el mundo
Y qué pequeño resulta
un mundo a medida
He visto que el mar
de la vida se incendia
mientras yo cuido
mi vestido de lluvia
entre el derrumbe
de las sutilezas.
Es cierto, es cierto,
han venido,
Alejandra.
Pero para ver
necesito cuidar
de las heridas
de mis ojos
que pierdo
cuando la palabra estalla.