domingo, 9 de agosto de 2009

Escéptica

Y porque ya no podía escribir con las luces apagadas, mientras la noche abría sus vestidos marinos de púrpura espanto, a fuerza de seguir -aun débil- brillando, me bañaba en luz de Luna y confieso que alguna que otra vez me encandiló y que llegó (en mi Ceguera Noche Sin Puertas) a serme insoportable; pensaba con la misma contrición que Maiakovski que tampoco resistiría otro tormento inestelar, entonces perseguía estrellas de guerra, grises, naranjas, pasajeras, desbocando sin mesura, sin decoro mi mar. Ya no quiero cantar historias de soles fundidos, ha nacido en mi corazón el nuevo Sol, jamás extinto (desapercibido y olvidado sí). Ahora con la luz de mis cuentos, mi memoria tejedora, mis palabras de deseos, tu fulgor en mis ventanas hasta los domingos por la tarde alegrará...