miércoles, 25 de agosto de 2010

Hace tres días

Hace tres días regresaron los hombres de la luna. Nadie habla de otra cosa. Fue un viaje magnífico y aterrador.
La televisión nos la enseñó de cerca: ¿arenas, cenizas, roca? El horizonte demasiado breve, parecía que el astronauta se fuese a caer por la borda.
¡Cuántas cosas averiguaremos de la luna! Su estupenda, desolada soledad infinita, su enrarecimiento, ¿su vacío?, su superficie igual que el espacio que la rodea: caminos empedrados hacia todas las estrellas.
Sabremos muchas cosas de la luna, composición química, distancias, logos y grafías. Y sin embargo... ¿le quitarán su miel? ¿perderá su ternura?
Quiero pensar que no ha pasado nada. La luna no es eso. La luna es la distancia de aquí a la luna. Es la luz de la luna mansa e infinita. Es también su sombra, la certeza de que está allí esperando.
Mientras no nos la quiten, mientras no la hagan girar órbita alrededor de otro planeta, la luna será nuestra como siempre hemos pensado: un hermoso sueño, una distante luz que nos penetra, un suave amor profundo y quieto en nuestro corazón.
La luna será siempre el resplandor que sale de nosotros en la noche y en la soledad.

J. Sabines

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