lunes, 27 de febrero de 2012

LUZ Y SOMBRA

"Si se compara con luz blanca el ideal puro espiritual (religioso), los ideales de las diversas culturas pueden compararse con las luces de colores que surgen cuando la luz pura aparece a través de cristales de colores. Imagínate un ser humano que desde su nacimiento vive siempre en una estancia en la que luz entra sólo a través de cristales rojos. Éste quizá no se pueda imaginar que haya otra luz que la suya (la roja), considerará la cualidad roja como esencial a la luz, en cierto sentido no notará en absoluto la rojez de la luz que le rodea. En otras palabras: considerará su luz como la luz y no como un tipo especial de turbiedad de la única luz (pues eso es en realidad). Ese ser humano se mueve de acá para allá por su estancia, examina los objetos, los juzga, etcétera. Pero dado que su espacio no es el espacio, sino sólo una parte -delimitada por el cristal rojo- del espacio, sólo con que se mueva lo suficiente chocará inevitablemente con el límite de ese espacio. Entonces pueden suceder varias cosas: uno, se dará cuenta de la limitación, pero no puede romper el cristal y acabará resignándose. Dirá: "Así que mi luz no era realmente la luz! La luz sólo la podemos vislumbrar y hemos de contentarnos con la nuestra, enturbiada", entonces, este ser humano se llenará de humor o de melancolía, o de ambas cosas alternativamente. Pues el humor + melancolía son estados del ser humano resignado. Por eso el ser humano no los conoce antes de que haya llegado al límite de su espacio, a pesar de que pueda seguir estando alegre + triste (pero alegría + tristeza no son humor + melancolía). otro ser humano chocará con la limitación del espacio, pero no comprende del todo que se trata de la limitación y acepta el asunto como si hubiera chocado con un cuerpo dentro del espacio. Para éste propiamente no cambia nada, sigue viviendo como antes.
Finalmente un tercero dice: Tengo que atravesarlo e introducirme en el espacio y la luz. Rompe el cristal y sale de su limitación a la libertad de lo abierto.

Ludwing Wittgenstein