domingo, 17 de junio de 2012

Alejandra Pizarnik




«Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido,
 sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo.
No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar".

Enrique Molina

La poesía de Alejandra está impregnada toda de una oscuridad que clama por el amanecer, no es un anochecer inútil, sino un estar inmersa en los subterfugios humanos para poner de manifiesto nuestros pesares más hondos y nuestra miseria. Por esto no es sencillo leerla, porque pocos atisbamos los abismos que en nuestra conciencia moran, lo  que nos impide ver esa otra mirada hacia la vida –que también es una realidad- es decir, el lado de las luminiscencias, de la serenidad y la alegría, las cuales no eran una opción para nuestra poeta, pues ella quería nadar en aguas turbias para encontrar en ellas aquello que no la dejaba vivir como los demás.
 
En La Condensa Sangrienta hay un apartado donde trata el tema de la melancolía, cabe decir que esta es la única parte en texto donde su voz interviene en primera persona, quizá por esa leve complicidad en ese aspecto con la condesa, explica ahí que muy probablemente Erzébeth Báthory padecía dicho mal, asegura que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado y mientras los demás viven la vida a la manera vertiginosa de una cascada, el melancólico la observa gota a gota, con una lentitud exhausta, empero, por momentos de placer extremo, no sólo puede hacer que este ritmo se sintonice con el mundo exterior sino que lo sobrepasa.

Hay una frustración perenne por la imposibilidad de alcanzar la palabra exacta, y es que no la hay, ella entendía esto y lo trataba de explicar irónicamente a través de la misma. Está presente una pugna constante por el silencio, porque pienso que ella también en el fondo perseguía la calma o la nada, pero precisaba primero vomitar aquello que invadía los templos del silencio, aquellos pensamientos nefandos que obstruyen la luz. No existen para ella palabras conciliadoras que puedan en verdad, darnos algo:

“No, las palabras no hacen el amor,
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
Si digo pan ¿comeré?

Después de sus pronunciamientos era preciso explicar que no era eso lo que en realidad quiso decir, aunque lo diga de forma tan exacta, como un puñal certero.

La escritura de Alejandra se basa en una búsqueda más allá de sí, la poeta intuía que su respuesta no estaba en “Alejandra”, pero su extravío era un dar vueltas y vueltas alrededor de ella, indagando en los vestigios del pasado, examinando obsesivamente con lupa en mano cada lágrima, ver de dónde provenían, explorar los recintos en donde una niña que es ella misma, llora sin dejarle ver el amor y la justicia.

Dicen algunos estudios sobre ella que la polifonía es una constante en sus obras, es decir, que se manifiestan sus múltiples personalidades, sin embargo, si nos atenemos a la teoría de Gurdjieff de que el “yo” es en realidad una composición de muchos “yoes”, así Alejandra era una sola, aunque dividida y contrariada, no obstante, el principal impulso de su escritura no era mostrar cada una de sus facetas sino era perseguir la voz detrás de sí:

“Las damas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a los lejos (…) cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo”

Este tal vez es un reconocimiento de que la poesía obedece a un propósito más elevado que el de pretender exponer solo los fantasmas que nublan al poeta, su prioridad debe ser la de conseguir cierta calma mental para que salgan las palabras mágicas, que no son de él, pues éste es sólo el receptáculo donde ha de hablar la voz de lo incognoscible. Pizarnik sabía esto, pero primero tenía que decir acerca de lo que le estrujaba la garganta y la imposibilitaba para escribir aquello sublime y verdadero, que no cesaba de perseguir.

“Alejandra Alejandra
debajo estoy yo
Alejandra”

1 comentario:

Estefanía Rojas dijo...

Poetas, Artistas,
Maestros,
respentan el valor de lo incognoscible.
En sus traducciones subliman el dolor, el pesar, la melancolía el arma, el estallido en un vicio, una pasión. Alejandra lo sabía, tú lo has dicho:
Los poetas, los perdidos en la oscuridad debido a tal ceguera que ella Luz ha una vez provocó.