sábado, 16 de junio de 2012

Algo sobre Villaurrutia


"Desesperadamente, Villaurrutia construía su verso
con el agónico aliento de quien,
 minuto a minuto,
sufría la avidez de los sentidos.
Porque el mundo era para él,
como para los elegidos para el arte,
la última oportunidad"

Alí Chumacero

Las palabras mueren en la boca, la escritura es una inscripción que la memoria sostiene para defenderse del olvido, Nostalgias de la Muerte es el testimonio de la sombra, de la  vida sumergida en las tinieblas, ya que transitar por la existencia también implica - aunque sea por un instante- renegar de la luz.
Nostalgias De La Muerte es el recorrido de una herida donde pareciera que en el fondo, nada se oye, a pesar de los aullidos de desolación y angustia todo se reduce a un eco, que es como el fantasma de la voz. En realidad todo se ha dicho porque nunca hubo nada que decir, el poeta se preguntará: ¿seré yo el elegido, el que diga aquello que nunca nadie ha dicho?
Por ejemplo La Rosa, Villaurrutia también nos habla de la Rosa y el poema comienza justo así: "Yo también hablo de la rosa." No es la rosa que perseguía Panero, o que evocó Sor Juana, o la rosa resucitada por Paracelso, o la que Borges soñó, no, es la rosa increada, impronunciable, aquella que no puede ser dicha pues de lo contrario se empobrecería con la significación. Es el "yo" clamando por una voz propia, cuando en realidad nadie tiene una voz sino todas las voces que en diferentes tonalidades se desbordan.
Es la rosa del humo,
la rosa de ceniza,
la negra rosa de carbón diamante
que silenciosa horada las tinieblas
y no ocupa lugar en el espacio.       
(Nocturno Rosa)

El poemario se divide en dos partes: Nocturnos y Nostalgias, ambas palabras grisáceas y de cierta dulzura evocando la noche ¿por qué siempre la noche? La oscuridad es la apertura al silencio (que no es silencio sino voces), y porque en la noche se invierten los valores y se puede decir lo que nos avergonzaría declararnos en el día. Es el espacio de lo sagrado donde se nos recuerda que todo es un misterio casi impenetrable (no quiero decir impenetrable sin el casi porque nunca se sabe).
Es en la noche también, donde se pone a aullar la sangre, donde pesan los siglos que llevamos vivos como judíos errantes, Villaurrutia sugiere de alguna forma la reencarnación, porque quizá es demasiado romántico pero se siente cierto cuando Baudelaire afirma: "Yo guardo más recuerdos que si viviese mil años".  Y porque me parece justo asegurar que después de sentir tanto espacio recorrido es preciso un intento por darle una voz a ese naufragio.
nada, nada podrá ser más amargo
que el mar que llevo dentro, solo y ciego,
el mar, antiguo edipo que me recorre a tientas
desde todos los siglos,
cuando mi sangre aún no era mi sangre,
cuando mi piel crecía en la piel de otro cuerpo,
cuando alguien respiraba por mí que aún no nacía       
(Nocturno Mar)

Hay un dolor que todo lo permea, incluso en los momentos cumbres de satisfacción, si se pretende curar esta herida imaginaria debe uno tratarla, no ignorarla, escribir es la canción de cuna que nos cantamos a nostros mismos acerca de nuestra enfermedad o sufrimiento. Vaya forma de cantar, Villaurrutia, de una belleza gélida y críptica, calculadora, rimada y adornada, pero que algo antes que yo reconoce y por ello, ese mar amargo que todos llevamos, con él lo sentimos y nos sabe a lo mismo.
Es cierto que el poeta se cree un pequeño dios, -por eso odio tiernamente a todos los poetas (aunque eso no importe ni venga al caso)- y que trata a sus semejantes con la sonrisa sardónica con la que los dioses contemplan a los mortales, aunque sepan en el fondo que indistintamente estamos hechos de "polvo de estrellas" se preguntararán acaso en la noche ¿por qué los otros duermen cuando aún no se resuelve el misterio de la existencia? y a pesar de preguntarse:  "¿qué es esto que me hace darme cuenta? Mínimo soy un ángel" y equivocarse al suponer que son los que abrirán alguna puerta, siguen soñando y aferrados al mundo de los hombres y de sus dioses y a la tierra.

Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces de su encarnación misteriosa,
y, cuando duermen, sueñan no con los ángeles sino con los mortales.       
(Nocturno de los Ángeles)

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