viernes, 22 de febrero de 2013

Quisiera soltar la espada



"Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos "
V. Huidobro

Parecería que cada noche le prendo velas al dios de la guerra, parecería que le pido fuerzas para combatir a diario en una lucha que no hay. Alguna vez pregunté al misterio cuál era mi trabajo en la tierra, la respuesta fue Hagalaz: destrucción, granizo, fuerzas naturales que dañan. Nací bajo el color púrpura de la transformación y esta vida y otras tantas han sido como un constante temblor y alarido.
Hoy, en este noche, me rindo, estoy cansada de hacer cimbrar por donde me mueva... Cuando llegué tenía un "por qué" debajo de la lengua y ese dudar, esta incomodidad constante me arrastraron hacia el exilio, fuera de la comunión del olvido y yo no quiero olvidar, ya es muy tarde para fingir que nada pasa.
Porque señoras, señores, las cosas no deberían de ser así ¿lo saben? Todo está invertido ¿sí lo saben? No es que tenga complejos mesiánicos ni que me sienta aquella que desvelará la verdad, ni siquiera he abierto del todo los párpados, pero los miro y me miro y mis pies y mis manos se llenan de ansiedad.
Estoy harta de ir en contra del cauce natural del río. No sé si he de llegar hacia alguna parte. Tengo poca inteligencia para la practicidad, para la diplomacia, para las estrategias. Si quiero conservar mi carrera debo de cerrar la boca y agachar la cabeza. Si quiero una relación duradera debo de ocultar mi locura y vehemencia... Si no dejo de lado mi empecinamiento ¿el pago seguirá siendo el anonimato y la soledad?

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