viernes, 5 de abril de 2013

OTHILA

¿De qué vale el idealismo? Supongo que el idealismo suaviza un poco las aristas de la realidad, es un encontrar a toda costa algo que quedó eximido de las manos de lo imperfecto; deformamos rostros y figuras para elevarnos sobre nuestro nerviosismo crónico y patético de todo aquello que no pertenezca al seno de la Verdad, como la pureza, lo bueno y lo bello.
Es decir, es regresar al reino de los arquetipos con los que se hizo el mundo, el esplendor que se esconde palpitante, encerrado en el caos. Ver la fatalidad de la vida no significa ver a los ojos de la realidad, sino quedarnos con la visión corta y no ir más allá del estadio oscuro por el que transita el alma, que algún día habrá de retornar al corazón infinito desde donde emana cada cosa.