martes, 15 de abril de 2014



Señor:

Esta Luna roja de abril es de un fuego purificador, por eso lastima, aunque en verdad es luz filtrándose por nuestros resquicios que precisa de nuestro permiso para abrirse paso.

Hasta los científicos admiten que también la Luna es la madre de todas las cosas: si no hubiese chocado hace eones con la Tierra, nosotros no conoceríamos esta realidad tal y como la concebimos.

Ella conoce los misterios de las aguas de lo alto, de éstas se conformó su corazón y a partir de él cristaliza nuestra esencia para que nunca se vea amenazada por la densidad ni tampoco por nuestra ceguera.

Señor, la Luna nos da la apertura para que sondeemos en los recovecos que hacen turbias nuestras miradas, tantísimas veces he querido decírselo de todas las maneras, pero sólo encuentro palabras, palabras como nanas que arrullan a esta Princesa de la Siberia que soy… por momentos tan desolada y por otros tan entera, sosteniendo mi pipa como guerrera que canta cada 28 días a la Diosa Blanca, con la intención de que recuerde la gran labor de rezar y guardar el espacio para que la apoteosis de la vida ocurra cada vez que abro los ojos y no sucumba al espanto de no tener el control de las cosas, sólo mi presencia, sólo este Camino Sagrado de La Puerta sin puertas.

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