martes, 29 de abril de 2014

Vigilia tras la puerta cerrada



De nuevo el insomnio
de nuevo me carcome el sexo 
recordándome que aún no es hora. 
Me detengo para preguntarle al tiempo 
en qué momento llegará la paz,
el fruto de la semilla dispuesto ha mucho, 
no hay respuesta.
-Amarás hasta tu propia sombra
hasta que puedas mirarte al espejo 
sin fruncir los labios
sin que en los ojos se asome el desaliento.
Miro mis manos vacías
mi centro cansado,
mi deseo calcinado en su propia llama,
mi sexo cerrado, receloso,
melancólico, hambriento.
Qué dolor tan grande
al ver que los lamentos 
nos destruyen por dentro
sin ser capaces de tumbar
los cimientos de una casa.
Sueño con viajes
le pido a la muerte que me dé patria
a la Tierra que me permita quedarme
viviendo en su vientre cien años.
Mis palabras han sido robadas
por el eco de la Montaña
y no llegan hasta los cielos
y no florezco
y no sé nada.
En el insomnio
la cárcel que custodia a los demonios
se revienta.
La vida no sé cómo curarla.

(Junio, 2013)
De la serie: Poemas del claroscuro.

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