martes, 24 de junio de 2014

Meditación exhausta


Y sobre todo recordar aquello que el viejo Bukowski sabía: "Lo más importante es cómo caminas por el fuego", y comprendo que el secreto está en no resistirse, ni mucho menos luchar contra el flujo natural del devenir. 
Algo está descendiendo para sosegar la densidad y permitir el movimiento de lo que Es y siempre ha sido.
No mentiré, no quisiera ni por un instante que penséis que pretendo llenarme la boca de verdades, sigo en la misma red que a todos nos contiene y de vez en vez, por la desesperación, suelto palabras como dardos para perforar tu pared o la mía, o llegar incluso a abrir boquetes en el muro colosal que nos impide ver el Amor y la Justicia. (*)
Las obviedades con las que tropezamos todos los días son las que nunca querríamos aceptar: la muerte, lo pasajero, el yo, al que nada sostiene, pero por lo menos hay una cierta inmortalidad ¿no es cierto? Los anales registran nombres eminentes y entonces orgulloso el polvo sonríe en medio de más polvo.
Somos un fuego ardiendo en la eternidad, pero acá abajo, esta llama prontamente perece, en cenizas se transforma y éstas son llevadas por el arrullo sigiloso del viento, si la vida en ese instante tiene humor poético, eso que ya no somos va a dar al mar.
El mar debería ser la medida de todas las cosas y la luna el espejo del misterio que no podemos habitar, porque somos una prolongación desterrada del Secreto, en espirales damos vueltas como el Minotario en el laberinto que cruelmente diseñó Dédalo, hasta que lleguemos al fondo del cansancio, por ese sendero escabroso regresaremos, dando gracias por las piedras incrustadas en los pasos, por las ramas que nos jalaron los cabellos y las arenas movedizas que nos enterraron unos cuantos siglos, que no son nada, porque la Nada es la casa de lo que llamamos Tiempo.