lunes, 23 de junio de 2014


Olvido que mi trabajo soy yo, que aunque las mareas suban, el furor se encienda y la vida nos dé muchas vueltas de tuerca, debo guardar la calma y dejar espacio para que entre el reinado de Eso, al que nada perturba. No es sencillo vestirse con la protección de la humildad y la paciencia, no ha sido fácil emprender este Camino pero al menos ya no estoy fingiendo que tengo rotas las piernas y perturbada la cabeza... o decir que soy como soy porque la luna, porque la menstruación, por los planetas.
Haciendo un recuento de todo lo que he escrito, revivo el dolor de mis palabras negras, no cabía angustia más grande por estar viva y por no encontrar una razón, duré otro tanto furiosa por haber estado en la crisálida tantos años. Decía Nietzsche que a los que amamos la verdad no nos interesa nadar en aguas turbias, sino poco profundas, pero me estaba asfixiando en aquella hondonada sin luz, sin aire, ni agua cristalina, ni Verdad y sobre todo privada de la Tierra, renuente a ser una con ella.
Regresé como hija pródiga a implorarle un lugar en su vientre, me despojo de la identidad de bruja, de guerrera, de poeta, aunque no dejaré de jugar. Me doy cuenta que este mundo nos ofrece pérdidas a manos llenas y ya no me quedo mirando los vientos fríos que se las lleva, tomo refugio en mi propio abrazo, me duele a veces la ausencia del que no llega, mas sólo basta abrir el espacio hacia dentro que alimenta ese sol que no lastima ni quema.

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