domingo, 24 de agosto de 2014

Poema que no es poema




La lucidez es una virtud flagelante, muchos han cerrado los ojos tan pronto se llega al nacimiento de la luz después del túnel, por ello son tantos los genios reventados que se vuelcan hacia la locura, otros quienes se cosen el manto que llevaban ya adherido al rostro, porque para llegar a la verdad resulta necesario transitar por caminos tortuosos y sobre todo, confrontar los demonios que nos habitan y a la realidad deforman.

Mejor dejarlos debajo de la cama o refundirlos en el clóset, después podrían jalarnos los pies por la madrugada, pero el sueño con sus artilugios los hará pasar como espantos que vienen del lado oscuro de las cosas y que esto nada tienen que ver con nosotros, por supuesto.

Cae encima de nosotros la noche, desde aquí pueden escucharse los estertores del mundo y el mundo, señoras, señores, es un reflejo de nosotros, por él se filtran veinte mil heridas, son tantos los fantasmas detenidos en el tiempo que carcomen los fulgores que aparecen intermitentes por nuestra memoria. Lo doloroso es darse cuenta que nosotros alimentamos ese olvido y a esos monstruos.


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