miércoles, 31 de diciembre de 2014

Versión de El Golem desde Anasthasia Pernath



Se encontraba en un apartamento extraño y a la vez vagamente familiar, no conocía a los otros que residían en el edificio y cada jueves –descubrió el patrón mucho después- la visitaba un grupo de amigas, no podía recordar cómo llegó a conocerlas y cuando lo intentaba descubría que se encontraba en una habitación oscura, la neblina que moraba en su memoria ocasionalmente le producía migraña sin lograr salvar nada en concreto.
Aunque no conocía el nombre de ningún vecino reconocía sus caras, sobre todo la de una mujer de cara alargada con el pelo cano, vivía sola al lado de su hijo y se notaba que entre los dos se cuidaban, no habían intercambiado palabras pero sus miradas se reconocían y era capaz de sentir confianza absoluta en aquella mujer de semblante amable.
La llamaban Anasthasia y se dedicaba a hacer joyas con una maestría asombrosa, tampoco lograba atisbar cuál era el origen de aquel oficio tan bien aprendido, porque se le presentaba esa imagen que a menudo recurría a ella en la vigilia o a través los sueños: una habitación que no contenía ninguna ventana ni ninguna puerta, a la que solo se podía acceder desde arriba y la única soga que podía comunicarla con el mundo exterior estaba rota.
Una noche, el grupo que la frecuentaba decidió llevarla a un bar bastante antiguo en el centro. El conjunto estaba conformado por dos actrices, otra artesana y una fotógrafa. Antes de salir decidieron beber algo en su casa y con el sopor del vino casi se quedó dormida, en ese estado de duermevela donde no estás del todo en la realidad pero tampoco entregada en su totalidad al mundo onírico. Empezaron entonces a aparecer imágenes coloridas de mandalas, pirámides, polos, rostros antiguos, lunas en bosques celtas y a la vez también la charla de afuera, de pronto cayó en cuenta que hablaban de ella, una de ellas, Gala, comentaba que un médico, amigo de la familia, se la había encargado, acababa de salir de una clínica para enfermos mentales, ignoraba casi todo de ella pero en sus ojos se notaba que a pesar del sufrimiento que la quemaba era incapaz de hacer daño alguno. El médico no quiso confiarle del todo la historia, lo único que sabía es que Anasthasia había sufrido una crisis que la desquició por completo y decidieron borrarle la memoria para regresarla al mundo de las formas.
Cuando oyó esto un dolor inmenso le recorrió desde la garganta hasta el espacio donde dicen que habita un corazón, no quiso demostrar que lo había escuchado todo y se tragó la saliva y sus lágrimas. Fueron al bar y ella fingió lo más que pudo, en un instante perdió todo el conocimiento. De pronto se encontraba en su cama y a sus pies había varios Maestros que no pertenecían a este plano, había dos pilares en su cabecera y una serpiente luminosa abrazándola toda, imágenes coloridas la saturaban pero se sentía en casa, en ningún momento deseó ver otras cosas, budas se le aparecían, túneles de calidoscopio, montañas sagradas, serpientes chinas, mujeres embarazadas, la Gran Diosa,  túneles debajo de la tierra, otras vidas, águilas, volcanes, una gran puerta infranqueable y luego unas manos amorosas que le estaban sosteniendo la cabeza, gruesas telarañas que la separaban del mundo que nunca puede ser amenazado.
-Has tocado la puerta y aquí estamos.
Era Lolita, la señora amable que vivía en la casa de arriba.
-La serpiente te ha mordido dulcemente y has nacido a la verdadera vida. Ya no hay muerte. Has recordado. Conocimiento y memoria son la misma cosa.

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