martes, 24 de febrero de 2015

Fuego angular

No sé 
yo elegí escribir poemas
en vez de cuentos.
Por no fantasear con ficciones ajenas
aunque sí evoco los mundos que gravitan en el recuerdo
que duermen niños
o encienden a intervalos la conciencia.

Me angustio por la escritura que la inercia gasta
por nuestra voz extenuada,
por las espinas que echaron raíz
en el abismo del siglo.

Aún así, obreros del verbo, 
incesantes en nuestra busca para encontrar
al Nombre que abrace todos los nombres,
mientras escalamos la Torre
nos da por improvisar
hilando pájaros no tan negros.

Miramos de soslayo a la herida
-que surge cuando navegamos 
por nuestra sangre, espesa y antigua-
para no echar más vaho a nuestra mirada, 
espejo del Fuego angular.

Aquí trabajamos la hermosura desde sus sombras pálidas,
a veces con pobres sortilegios,
otras capaces del prodigio
por el embeleso que traen las hojas del árbol
al llenarse de pintura solar.

Sonreímos para nosotros
porque los testigos se escabulleron,
ignorantes por ratos de la Belleza sin  fragmentos
henos aquí para beber de la eternidad.

Aunque a veces lloramos por lo que nunca ha sido nuestro.

(Fotografía: Alison Scarpulla)

No hay comentarios: