jueves, 2 de julio de 2015

Sauce llorona

Esta noche me pregunto cuándo nos mostramos, 
cómo discernimos qué y cuánto. Lo que muestro está plagado de escenas que conforman el estereotipo de una escritora:  fantasmas y luminiscencias, fragmentos esparcidos en los caminos, ventanas, desamores, puertas entreabiertas.

Toda la luz he pedido para alumbrar estas palabras, antaño consumidas de tanto errar en el laberinto y mucho se guarda en este lugar las semillas que no llegaron a fruto por la ausencia del sol y de tierra húmeda.

Pero cómo hablar de todo lo que soy señoras, señores del vacío, de los silencios, inexistentes vouyeristas, aquí se ha dicho casi nada, sólo versos que anidan en las vísceras, en el lado izquierdo del cerebro y otros, los más resueltos, los que vienen detrás, detrás de mí.

Alguien dejó inscrito el derecho a nunca autodefinirnos y yo hice caso de ello porque no quisiera ser como un ficus recortado, aunque mis ramas atenten contra el alumbrado eléctrico y mis raíces revienten las banquetas del ayuntamiento. 

Pequeña Gloria-sauce llorona... En mi cárcel tengo inscrito con tinta de luna roja poemas de Panero, Huidobro y Girondo, otras tendrán postales de lugares a los que nunca irán y otros de modelos con cuerpos ficticios y sin poros.

Pero cuánta arrogancia al creer que vemos lo sublime como si viésemos los colores etéricos ¿Somos más humanos por eso? Lo humano se extiende por toda la superficie de la tierra indiscriminadamente.

Quiero verme y que me veas tú, que no me lees, que no vienes, que nos has nacido siquiera.



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